Quatroges

Entrevista con la Coordinación Por Palestina

Foto Quatroges ;Vary Elora,Adriana Vaselli,Alejandra Bittencourt

Adriana Vaselli, Alejandra Bittencourt y Vary Erola, integrantes de la Coordinación por Palestina, conversaron con Quatroges sobre el origen y funcionamiento de este espacio, las movilizaciones desarrolladas desde 2023 y los objetivos de una nueva marcha en solidaridad con el pueblo palestino. En las últimas horas, la convocatoria adquirió una dimensión política mayor: el Frente Amplio resolvió formalmente convocar a la movilización del 8 de octubre, en un contexto de movilizaciones internacionales de solidaridad con Palestina, mientras el PIT-CNT ha mantenido durante 2026 una participación activa en distintas acciones y convocatorias vinculadas a la causa palestina.

La conversación recorrió la historia de la Coordinación, la situación en Gaza, el papel que sus integrantes esperan del gobierno uruguayo, las presiones que denuncian en torno al debate sobre Palestina y una cuestión que atravesó buena parte de la entrevista: la disputa por el significado de palabras como sionismo, antisemitismo y antisionismo.

Una coordinación que vuelve a activarse

Quatroges: Alejandra, ¿cómo surgió la Coordinación por Palestina?

Alejandra Bittencourt: La idea fue generar una especie de paraguas muy amplio, donde todos pudiéramos refugiarnos para potenciar la solidaridad con Palestina. La integran fundamentalmente organizaciones sociales, pero también organizaciones políticas, colectivos ambientalistas y organizaciones de distintos tipos.

Por eso somos una Coordinación y no una coordinadora, porque además no es algo que permanezca estable en el tiempo. La Coordinación surgió en 2014, pero no está todo el tiempo en acción. Ante una situación particular volvemos a recurrir a ella y, después, cada grupo y cada organización social retoma sus caminos y sus trabajos habituales. Cuando vuelve a existir la necesidad de armar algo amplio y plural, volvemos a juntarnos.

Yo, por ejemplo, integro el Comité Palestina Libre, donde trabajamos todos los temas vinculados con Palestina, pero específicamente el tema de los presos políticos palestinos, los rehenes en las cárceles israelíes.

Así fue como en 2023, ante el comienzo de los bombardeos contra Gaza, volvió a aparecer la Coordinación por Palestina.

Quatroges: ¿Por qué el 8 de octubre? ¿Qué representa esa fecha?

Alejandra Bittencourt: El 8 de octubre fue cuando comenzaron, hace tres años, los ataques de Israel contra Gaza. Fueron tan violentos como en otras oportunidades, pero esta vez la diferencia estuvo en su permanencia en el tiempo y en cómo se fueron incorporando otras dimensiones, como la invasión terrestre.

En otros ataques eso no se había dado de esta manera. Esta vez fue arrasar todo, aplanar. La demolición de infraestructura civil y de los recursos necesarios para sostener la vida forma parte, desde nuestra perspectiva, de la estrategia israelí contra el pueblo palestino.

Se bombardearon instalaciones deportivas; el estadio de fútbol, por ejemplo, quedó con un cráter enorme. En otros ataques ya habían bombardeado el aeropuerto y el puerto. También se destruyó infraestructura sanitaria, plantas de potabilización de agua, instalaciones energéticas, todo aquello que permite sostener la vida en una ciudad.

Esta vez eso fue llevado mucho más a fondo. Vimos la destrucción de hospitales, universidades, escuelas y escuelas de Naciones Unidas.

Volver a colocar Palestina sobre la mesa

Quatroges: ¿Cuándo comenzaron las primeras movilizaciones después de octubre de 2023? ¿Cómo se llegó desde aquellas primeras acciones hasta esta nueva marcha del 8 de octubre?

Alejandra Bittencourt: No recuerdo exactamente si la primera fue en noviembre, pero ya en octubre de 2023 hubo movilizaciones.

A partir de ahí volvió a nuclearse la Coordinación. Las movilizaciones fueron tomando distintas formas: marchas, concentraciones por diferentes temas vinculados a Palestina, entregas de cartas, petitorios y también intervenciones en lugares concurridos, ferias y terminales, con volantes, pancartas y distintos materiales.

El objetivo fue colocar el tema en la agenda del movimiento popular, de las organizaciones políticas y también de la gente de a pie. Creo que eso sí se logró. A favor o en contra, el tema se puso sobre la mesa y la gente lo tomó.

Quatroges: ¿Qué esperan de esta nueva marcha?

Alejandra Bittencourt: Desde el año pasado, con la difusión del alto el fuego y después del acuerdo de paz, sentimos que el tema empezó a bajar y prácticamente desapareció de los grandes medios. La gente tiende a pensar: “Bueno, esto ya terminó, terminó la guerra en Palestina”. Y cuesta volver a colocar el tema y decir: acá no terminó nada.

Lo que nosotros llamamos un genocidio por goteo sigue hasta el día de hoy. Hubo un alto el fuego, pero siguen los problemas para que entre la ayuda humanitaria, siguen el hambre y los problemas sanitarios porque faltan hospitales y abastecimiento. Por eso sentimos que estamos cuesta arriba, pero apostamos a volver a poner el tema sobre la mesa.

El reclamo sigue siendo básicamente el mismo: Palestina y el pueblo palestino tienen derecho a vivir. Este año lo resumimos en una consigna: “Palestina libre o barbarie”. Porque entendemos que lo que estamos enfrentando es una barbarie, y mientras la situación de fondo no cambie, el reclamo tampoco cambia.

Adriana Vaselli: Son cosas tan brutales, estamos hablando de barbarie, pura y llanamente barbarie. Eso es de lo que estamos hablando.

Y los reclamos son básicamente los mismos, porque la situación, a nivel nacional, está parada en el mismo lugar y no se ha movido. Entonces, el reclamo sigue siendo el mismo: que pare el genocidio, pero también que el gobierno uruguayo reconozca que esto es un genocidio.

Qué esperan del gobierno uruguayo

Quatroges: Esa era justamente la próxima pregunta: ¿qué esperan del gobierno, del sistema político uruguayo y de las instituciones?

Adriana Vaselli: Del gobierno esperamos que, en algún momento, reconozca el genocidio, porque hasta ahora no ha sido reconocido.

Yo, en realidad, me había quedado un poquito más atrás, pensando en lo que decías con respecto a la gente: que este tema de pronto no llega tanto porque cada uno tiene su realidad y, además, lo vemos lejos.

Pero me parece que acá hay una cuestión de fondo muy grande. Lo que pasó y lo que está pasando en Palestina hoy puede pasar en cualquier lado, porque esto rompió totalmente con lo que era el derecho internacional. No se respeta, no se respetó.

Y si se puede dejar de respetar ahí, se puede dejar de respetar en cualquier lado. Puede pasar en Argentina, puede pasar en distintos lugares. Creo que eso sí puede hacer que la gente lo sienta con más cercanía.

En Palestina está pasando esto y, por supuesto, es gravísimo. Tenemos que denunciarlo, pero también tenemos que pensar que puede seguir pasando en otros lugares.

Frente a esta ruptura del derecho internacional, la pregunta es: ¿qué más puede pasar? ¿Qué nos podría pasar, por ejemplo, a nosotros? ¿Qué podría pasar en Uruguay?

Las presiones y el caso de La gran Palestina

Quatroges: El tema del que estamos hablando también está atravesado por fuertes campañas. Ni siquiera diría solamente “pro” o “anti”, porque la discusión es mucho más amplia, pero la presión existe.

Lo ocurrido con La gran Palestina es una muestra de lo que puede pasar cuando aparecen determinadas expresiones. Si bien no fueron presiones institucionales, la película finalmente no se proyectó como estaba planeado y se tuvo que cambiar el lugar por decisión del Centro de Estudiantes de Información y Comunicación (CEICO).

¿Cómo pesan esas presiones? Ustedes, que están más dentro del tema, ¿sienten que la presión de determinados sectores de la política uruguaya y de otros ámbitos está influyendo?

Adriana Vaselli: Sí, por supuesto que las hay.

Quatroges: ¿Las tienen identificadas?

Adriana Vaselli: Sí. Se pasea por todo el Parlamento, por ejemplo, y se va a hablar con mucha gente. Vimos también a los políticos que fueron a Israel.

Indudablemente, esa presión está. Y yo creo que también vale la pena contar un poco todo este tema de cómo ha surgido lo del antisemitismo; cómo se ha querido enseguida etiquetar que, si estamos hablando de Palestina, somos antisemitas.

Creo que vale la pena contar también lo que ha pasado en la Institución Nacional de Derechos Humanos, porque me parece importante.

En el caso de Serpaj, estuvimos en la Asamblea y formamos parte también de la Coordinación de Organizaciones de Derechos Humanos, que presentó una proclama justamente por la creación de este grupo sobre antisemitismo dentro de la institución, promovido por Marcos Israel, director.

Entendemos que ha roto con todo lo que tiene que ver con la normativa de la Institución de Derechos Humanos, porque ha salido a la prensa —deben haber visto las entrevistas— y ha llegado a decir que es mentira lo del genocidio, que el genocidio no está dicho, y una cantidad de cosas.

Ese día, en la Asamblea, leímos la proclama y además nos levantamos y nos fuimos. No quedó casi nadie.

Pero hay que ver lo que hizo este personaje. Le correspondía en ese momento a Mariana Mota dar el informe de cuentas, porque ella había sido la presidenta hasta ese momento y ahora se cambiaba la presidencia.

Marcos Israel la hace a un costado y sube él a decir un montón de cosas. Empezó a decir que éramos “los sesentistas”, que éramos los que siempre provocábamos problemas… Algo que no correspondía, desde ningún lugar, que lo hiciera.

Sionismo, antisemitismo y la disputa por las palabras

Quatroges: Perdona que te interrumpa. Nosotros vimos en detalle esa intervención de Marcos Israel y tiene mucho que ver con lo que estás planteando: la insistencia de determinados sectores en confundir lo que significa ser antisionista con ser antisemita.

Da la impresión de que buena parte de esta discusión también se construye a partir de esa mezcla de conceptos.

Vary Erola: Sí. Ahí hay un problema de lectura histórica.

Cuando hablamos de pueblos semitas estamos hablando de una realidad histórica, geográfica y también lingüística mucho más amplia. El pueblo palestino también es un pueblo semita.

Por eso, cuando se califica automáticamente de antisemita una manifestación política que cuestiona al Estado de Israel o al sionismo, se están mezclando cosas distintas.

La judeofobia existe, por supuesto que existe, y no podemos negarla. Pero judeofobia no es lo mismo que antisionismo y tampoco es lo mismo que antisemitismo.

Quatroges: En Uruguay también pesa la falta de información. Mucha gente no tiene claro qué es el sionismo ni distingue entre una corriente política, una religión o una identidad. ¿Cuánto influye esa confusión, sumada a las dificultades que ustedes señalan para que circule información, en la forma en que se entiende el tema?

Alejandra Bittencourt: Muchísimo. De hecho, nosotros integramos la Coordinación por Palestina, pero además formamos parte de una comisión particular, que es la Comisión de Talleres.

Una parte importante de nuestro trabajo consiste justamente en explicar estos términos: qué significa sionista, qué significa semita, qué significa antisionista, qué significa antisemita, de dónde viene la palabra “semitismo”, a qué hace referencia y qué es el judaísmo.

A veces los talleres son casi un glosario de conceptos.

Hay cosas que para quienes estamos trabajando estos temas pueden parecer elementales, pero que para mucha gente no forman parte de su cotidianeidad.

Por ejemplo, explicar que el pueblo palestino también es un pueblo semita o que el término semita tiene también una raíz lingüística.

Y explicar, sobre todo, que el sionismo no es una religión, ni una etnia, ni una lengua: es una ideología política.

Desde nuestra perspectiva, es una ideología política de ultraderecha, racista y supremacista.

Eso es algo que hay que explicar porque muchas veces parece presentarse el sionismo como si fuera inherente a Israel o al judaísmo, cuando no es así.

Quatroges: Como si todo formara parte de una misma cosa.

Alejandra Bittencourt: Exactamente.

Eso es un poco lo que Adriana estaba señalando cuando hablaba de lo ocurrido con Marcos Israel.

Se construye una mezcla entre sionismo, judaísmo, semitismo y antisemitismo, y entonces aparece una asociación automática: “¿Criticás al Estado de Israel? Entonces sos antisemita”.

Y no. De ninguna manera.

Quatroges: A eso quería llegar. Porque una de las cuestiones que aparece con fuerza es justamente la construcción del discurso a partir de la confusión de términos. Si conceptos distintos terminan presentándose como equivalentes, la discusión política queda condicionada desde el comienzo.

Los talleres y el regreso al contacto directo

Quatroges: Para ir cerrando, y retomando el tema de los talleres, ¿qué lugar ocupa ese trabajo dentro de la tarea que ustedes vienen desarrollando?

Adriana Vaselli: Nosotros somos parte del equipo de Talleres y creemos que es una herramienta que ha tenido mucha influencia, incluso en cambios de posición de la gente.

Lo importante es que no concebimos el taller como una charla que nosotros vamos a dar. La idea es intercambiar. No hablamos solamente nosotros: surgen intervenciones, preguntas y necesidades concretas. Muchas veces pensamos un taller orientado hacia determinado lugar y, cuando empezamos a conversar, descubrimos que la gente necesita otra cosa y lo llevamos hacia allí.

Creo que hay que recuperar y fortalecer ese tipo de herramientas. Todo lo que hacemos en las redes es importante, pero el contacto personal tiene que seguir existiendo. Ahí se genera un vínculo completamente diferente.

Y estamos yendo al interior, que para nosotros es fundamental. Vamos a ir a Artigas y Bella Unión, después a Rocha, y ya hemos estado en distintos momentos en varias ciudades del país.

Es importante porque a veces todo parece concentrarse en Montevideo y necesitamos hablar también con los compañeros del interior.

Uruguay tiene, además, una historia muy fuerte de solidaridad internacional. Buscando antecedentes, por ejemplo, encontré que hubo comités de apoyo a Cuba incluso en pueblos muy pequeños. Creo que hay que seguir recuperando ese tipo de tradición solidaria.

Las marchas son una herramienta, pero no la única. El primer fin de semana de octubre, por ejemplo, vamos a remontar cometas como gesto simbólico, pensando en los niños palestinos que hoy no pueden hacerlo.

También están las películas, las actividades culturales y los talleres. Nosotros queremos destacar especialmente estos últimos porque los hemos realizado tanto en el interior como en Montevideo, muchas veces a solicitud de la propia gente, en comités de base, clubes sociales y otros espacios.

Vary Erola: Hay algo de ese trabajo que también recupera el contacto humano. Frente a una tragedia que se transmite prácticamente en vivo y en directo, volver al encuentro personal, conversar, intercambiar conocimientos y también escuchar lo que la propia gente sabe tiene otro valor.

Una movilización en todo el país

Adriana Vaselli: Exactamente. Y eso está muy vinculado con lo que esperamos de la marcha.

Toda esta tarea de recorrer el interior, conversar, llevar materiales, difundir la temática e intercambiar con la gente apunta también a construir una movilización nacional.

El año pasado hicimos una marcha que tuvo expresiones en todos los departamentos del país. Este año apostamos nuevamente a eso: a poder generar una movilización nacional.

Habrá departamentos desde los que venga gente a Montevideo, pero también queremos que haya actividades en cada localidad. No importa si es una gran marcha o una concentración pequeña. Lo importante es que en todas partes del país pueda levantarse la bandera de Palestina libre y el reclamo de poner fin a esta situación, a esta barbarie.

Por eso, desde el grupo de Talleres estamos recorriendo distintos lugares. Están los foros, las películas —entre ellas La gran Palestina y otras que seguimos proyectando—, las actividades culturales y las distintas formas de intervención.

También vamos a participar en la Marcha de la Diversidad y a seguir generando espacios de conversación.

La apuesta es estar presentes en todos aquellos ámbitos de la sociedad donde interactuamos, especialmente dentro del campo popular y de las organizaciones populares, para potenciar esta solidaridad y lograr que el reclamo vuelva a salir a las calles, tanto en Montevideo como en todo el país.

Una postal montevideana para el final

Cuando abandonamos la sede de SERPAJ y volvimos a las calles de Montevideo, no sabíamos que dejábamos atrás una entrevista con algo de déjà vu anticipado. Durante buena parte de la conversación habíamos hablado precisamente de las palabras, de cómo se construyen los discursos y de la facilidad con que pueden confundirse deliberadamente antisemitismo, antisionismo, judaísmo y crítica al Estado de Israel.

Menos de 48 horas después, esa discusión aparecía, casi como una prolongación inesperada de la entrevista, a miles de kilómetros de Joaquín Requena. The Jerusalem Post publicaba una nota sobre la decisión del Frente Amplio de respaldar la marcha del 8 de octubre y la ubicaba dentro de su sección dedicada al “Antisemitism”.

La coincidencia tenía algo de escena final. Horas antes, tres mujeres sentadas en una sede histórica de defensa de los derechos humanos en Montevideo habían dedicado buena parte de la conversación a explicar por qué consideraban imprescindible separar esos conceptos. Poco después, la decisión de una fuerza política uruguaya de acompañar una movilización por Palestina aparecía encuadrada, desde Israel, precisamente bajo esa palabra.

Cerramos la puerta de SERPAJ sin saberlo. Afuera seguía Montevideo. Adentro habían quedado las voces, los talleres, las cometas que quieren hacer volar en octubre, las marchas y una discusión sobre el peso de las palabras.

La realidad, apenas unas horas después, se encargó de escribir el epílogo.

Esta entrevista fue realizada el viernes 18 de septiembre de 2026 en la sede del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ Uruguay), Joaquín Requena 1642, Montevideo. Quatroges agradece especialmente a Adriana Vaselli, Alejandra Bittencourt y Vary Erola por su tiempo, su disposición y la conversación abierta que permitió recorrer mucho más que la convocatoria a una marcha.

Quatroges

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