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Combustibles vuelven a subir desde junio: el gobierno aumenta nafta y gasoil, pero mantiene el supergás

El Poder Ejecutivo definió nuevos precios de combustibles que regirán desde el lunes 1.º de junio. La nafta Súper 95 pasará a $ 93,36 por litro, el gasoil 50S a $ 61,76 y el supergás quedará sin cambios, en $ 101,26 por kilo. La decisión mantiene el criterio oficial de amortiguar el impacto del mercado internacional sin trasladar de golpe toda la referencia al público.

Nuevos precios desde el lunes 1.º de junio

El gobierno definió una nueva actualización en el precio de los combustibles. Los valores comenzarán a regir desde las 00:00 del lunes 1.º de junio y volverán a mover la pizarra de las estaciones de servicio, después de dos meses marcados por fuertes presiones internacionales sobre el petróleo y por ajustes internos aplicados de forma gradual.

La nafta Súper 95 subirá 6% y pasará de $ 88,03 a $ 93,36 por litro. La Premium 97 quedará en $ 96 por litro. En el caso del gasoil, el 50S aumentará 7% y pasará de $ 57,72 a $ 61,76 por litro, mientras que el gasoil 10S quedará en $ 70,91.

El supergás no tendrá cambios y seguirá a $ 101,26 por kilo. De esa forma, la garrafa de 13 kilos mantiene un precio de $ 1.316,38, sin incluir envío. Ese dato no es menor: el supergás pesa directamente en hogares que lo usan para cocinar o calefaccionarse, especialmente en meses de frío y en sectores donde cada ajuste tiene impacto inmediato sobre el presupuesto familiar.

La decisión llega luego del aumento aplicado en mayo, cuando la nafta y el supergás habían subido 7% y el gasoil 14%. En esa oportunidad, el gobierno argumentó que el conflicto en Medio Oriente y la presión sobre el mercado petrolero internacional obligaban a corregir precios, aunque por debajo de las referencias técnicas completas.

El gobierno vuelve a elegir una suba parcial

El ajuste de junio mantiene una línea que el Poder Ejecutivo viene sosteniendo desde el impacto internacional del petróleo: no trasladar de una sola vez todo el precio de referencia al surtidor, pero tampoco congelar completamente los valores internos.

La Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua había divulgado los Precios de Paridad de Importación y los Precios de Venta al Público de referencia correspondientes a mayo. Esos cálculos funcionan como insumo técnico, aunque la definición final del precio público corresponde al Poder Ejecutivo.

Para junio, la referencia técnica marcaba una nafta Súper 95 en $ 93,36 y una Premium 97 en $ 96. En el gasoil 50S, el precio de venta al público de referencia se ubicaba bastante por encima del valor que finalmente pagará el consumidor. El gobierno resolvió aplicar una suba de 7% en ese combustible, en lugar de llevarlo directamente al nivel de referencia.

Ese punto permite leer la decisión en dos planos. Por un lado, hay un aumento concreto que afectará a quienes cargan combustible, al transporte, a sectores productivos y a costos que pueden trasladarse luego a otros precios. Por otro lado, el Ejecutivo intenta presentar el ajuste como una corrección administrada, menor al salto que surgiría de aplicar la referencia completa.

En términos políticos, el gobierno camina sobre una línea fina. Sabe que el precio del combustible golpea rápido en la conversación pública y en la economía cotidiana. También sabe que ANCAP, los costos de importación, el mercado internacional, la frontera y la producción forman parte de una ecuación compleja. La decisión de subir nafta y gasoil, pero sostener el supergás, busca repartir ese costo sin cargar de forma directa sobre uno de los consumos más sensibles de los hogares.

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