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Chichito Cabral, memoria viva del candombe uruguayo

Mario “Chichito” Cabral falleció a los 89 años. Percusionista, compositor, cantante y hombre de barrio, fue una figura esencial para entender cómo el candombe se abrió camino en la música popular uruguaya sin perder su raíz.

Del barrio al tambor

Mario Cabral Bruzzatto, conocido por varias generaciones como Chichito Cabral, nació en Montevideo el 24 de diciembre de 1936. Su historia no empezó en los grandes escenarios, sino en el lugar donde muchas veces nace la cultura popular: el barrio, la calle, la rueda de músicos, la escucha compartida y el sonido que pasa de mano en mano.

Nacido en el Cerrito de la Victoria y criado desde niño en La Mondiola, Chichito encontró temprano su camino en la percusión. A los once años ya tocaba bongó en un grupo barrial. Desde entonces, el ritmo dejó de ser una actividad más para convertirse en una forma de vida.

No fue solamente un músico de acompañamiento. Fue un creador desde el tambor, un trabajador de la música, un artista formado en la práctica cotidiana y en el contacto con otros músicos. Su camino lo llevó por orquestas, escenarios, grabaciones y experiencias diversas, dentro y fuera del país. Pero su centro siguió siendo el mismo: el pulso popular del candombe.

El Kinto, Tótem y una generación que cambió la música uruguaya

Chichito Cabral quedó unido a algunos de los momentos más importantes de la música popular uruguaya. Su nombre aparece asociado a El Kinto y a Tótem, dos experiencias que ayudaron a abrir una puerta nueva entre el candombe, la canción, el rock, la murga y otros sonidos urbanos.

Junto a músicos como Rubén Rada, Eduardo Mateo y otros protagonistas de aquella etapa, Chichito fue parte de una transformación profunda. No se trató de copiar modelos de afuera ni de vestir al candombe con ropaje moderno para hacerlo aceptable. Fue otra cosa: hacer que el sonido de Montevideo, de sus barrios y de sus tambores, dialogara con nuevas formas musicales.

Uno de sus aportes más reconocidos fue llevar el lenguaje del tambor a las tumbadoras. Ese gesto tuvo un valor musical enorme. Permitió que la polirritmia del candombe se incorporara a otros formatos, a bandas, discos y escenarios donde el tambor tradicional no siempre estaba presente.

Chichito no ponía percusión como adorno. Su toque armaba la canción desde adentro. Daba estructura, respiración y memoria. En sus manos, el ritmo no era fondo: era relato.

Una historia que sigue sonando

La muerte de Chichito Cabral no marca solamente la despedida de un músico. También obliga a mirar una parte decisiva de la cultura uruguaya: esa que fue construida desde abajo, por artistas de barrio, por tocadores, por trabajadores del arte que hicieron escuela sin necesidad de presentarse como maestros.

Su trayectoria forma parte de una generación que ayudó a definir una identidad sonora propia. Una generación que mezcló candombe, canto popular, rock, tropical, canción urbana y experimentación, pero sin renunciar al origen. En esa mezcla estuvo Chichito, con su forma de tocar y con su manera de entender la música como una construcción colectiva.

A los 89 años, su partida invita a volver a escucharlo. A buscar sus discos, sus grabaciones, sus participaciones y sus rastros en otros músicos. También invita a recordar que la música popular uruguaya no nació solamente en salas, sellos o festivales. Nació también en esquinas, comparsas, bares, ensayos, viajes, trabajos y regresos.

El 13 de junio murió Chichito Cabral. Pero cada vez que el candombe se abre camino hacia otra forma, cada vez que una tumbadora conversa con el tambor, cada vez que un músico entiende que el ritmo también es memoria, algo de su historia sigue tocando.


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