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Cárcel para primarios y prisión nocturna: el gobierno busca separar perfiles para enfrentar la reincidencia

El Ministerio del Interior prepara una línea de política penitenciaria que combina mayor control sobre los presos de alta peligrosidad con respuestas diferenciadas para personas primarias, con penas cortas o menor riesgo de reincidencia. La asesora Ana Vigna adelantó que se abrirá una cárcel para primarios y que se analiza un plan piloto de prisión nocturna para mujeres.

Una cárcel para evitar que una pena corta termine agravando el delito

El gobierno abrirá una cárcel destinada a personas primarias con penas cortas. La medida apunta a enfrentar dos problemas señalados por la asesora en políticas penitenciarias del Ministerio del Interior, Ana Vigna: el “contagio criminal” y la llamada “puerta giratoria”.

La idea central es separar a quienes ingresan por primera vez al sistema y cumplen condenas breves de los sectores más deteriorados del sistema penitenciario. En las cárceles uruguayas, la convivencia forzada entre perfiles muy distintos puede transformar una condena menor en una entrada a redes delictivas más complejas.

El planteo se inscribe en una discusión más amplia: no todas las personas privadas de libertad tienen el mismo perfil, el mismo nivel de violencia ni el mismo riesgo de reincidencia. Para el Ministerio del Interior, la política penitenciaria debe distinguir entre quienes requieren mayor control y quienes necesitan una respuesta que evite profundizar trayectorias delictivas.

El enfoque no elimina la prisión, pero busca que el encierro no funcione como acelerador del delito. En Uruguay, el sistema penitenciario arrastra problemas de hacinamiento, violencia interna, falta de personal, baja oferta educativa y laboral, y dificultades para sostener procesos reales de reinserción.

Mujeres, penas alternativas y un posible plan de prisión nocturna

Vigna también señaló que el Ministerio del Interior analiza un plan piloto de prisión nocturna para mujeres. El argumento oficial es que las mujeres privadas de libertad cometen, en términos generales, menos delitos violentos que los hombres y presentan menores niveles de reincidencia.

La propuesta supone que determinadas mujeres puedan cumplir una parte de la pena bajo un régimen que les permita mantener vínculos laborales, familiares o de cuidado durante el día, con obligación de pernoctar bajo control estatal.

El punto es especialmente sensible porque la población femenina privada de libertad creció con fuerza en los últimos años. Informes de organismos de derechos humanos advierten que muchas mujeres presas arrastran trayectorias marcadas por pobreza, tareas de cuidado, delitos no violentos y vínculos con economías ilegales de baja escala, especialmente vinculadas a drogas.

El problema no es solo penitenciario. Cuando una mujer cuidadora ingresa a prisión, el impacto suele extenderse a hijos, hijas y redes familiares enteras. Por eso, distintos informes técnicos vienen recomendando ampliar medidas alternativas, revisar perfiles y evitar que el encierro sea la única respuesta estatal para situaciones donde también hay vulnerabilidad social.

Reforma penitenciaria: entre control, derechos y seguridad pública

La nueva línea del Ministerio del Interior aparece en un sistema carcelario tensionado. Datos oficiales recientes ubicaron la población privada de libertad por encima de las 16.000 personas, con niveles de hacinamiento y una presión creciente sobre funcionarios, servicios de salud, alimentación, convivencia y programas de rehabilitación.

El Libro Blanco de Reforma Penitenciaria, elaborado en 2024 bajo coordinación de Ana Vigna, ya planteaba la necesidad de una estrategia nacional de reforma, pensada como política de Estado y no como una suma de medidas aisladas. Allí se advertía que la cárcel, si no funciona como herramienta de reinserción, puede reproducir exclusión, violencia y reclutamiento criminal.

La discusión de fondo es si Uruguay seguirá respondiendo al delito con más encierro indiferenciado o si avanzará hacia un sistema que clasifique mejor los perfiles, reserve los regímenes más duros para quienes representan mayor riesgo y use penas alternativas o regímenes diferenciados para quienes pueden salir del sistema sin reincidir.


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