California inició la eliminación gradual del paraquat, uno de los herbicidas más tóxicos utilizados por la agricultura moderna y prohibido ya en más de 70 países. El mismo producto continúa utilizándose actualmente en Uruguay, aunque bajo regulaciones estrictas: su venta exige receta profesional, está prohibido como desecante en la mayoría de los cultivos y el MGAP volvió a advertir en abril de 2026 que emplearlo antes de cosechar soja es ilegal.
California dio un paso que vuelve a colocar al paraquat en el centro de la discusión mundial sobre agroquímicos. El Departamento de Regulación de Pesticidas del estado anunció el 10 de agosto que todos los fabricantes de productos que contienen dicloruro de paraquat cancelaron voluntariamente sus registros, iniciando así su eliminación progresiva. El último registro fue cancelado el 6 de agosto y, por las reglas californianas, los distribuidores todavía podrán vender las existencias de cada producto durante un máximo de dos años desde la fecha efectiva de su cancelación.
La decisión llega después de que California comenzara en noviembre de 2024 una reevaluación específica del herbicida. Los estudios preliminares de su organismo regulador encontraron una posible asociación entre la exposición al paraquat y alteraciones tiroideas y defectos congénitos, además de riesgos ambientales, particularmente para las aves. Para completar la evaluación, el estado exigió a los fabricantes nuevos estudios científicos antes del 5 de junio de 2026; las empresas optaron por cancelar progresivamente sus registros en lugar de presentar esos nuevos datos.
Un producto capaz de matar con una pequeña ingestión
No hay controversia sobre la toxicidad aguda del paraquat. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) advierte que es altamente tóxico para los seres humanos, que una pequeña ingestión accidental puede resultar mortal y que no existe antídoto. Debido a ese riesgo, en Estados Unidos está clasificado como pesticida de uso restringido y solo puede ser vendido y utilizado por aplicadores certificados o bajo su supervisión.
El debate científico más complejo está relacionado con sus posibles efectos neurológicos. Numerosos estudios epidemiológicos han encontrado asociaciones entre exposición al paraquat y mayor incidencia de enfermedad de Parkinson. Un trabajo sobre trabajadores agrícolas citado en la investigación que dio origen a esta nota encontró que quienes habían utilizado paraquat presentaban aproximadamente dos veces y media más probabilidades de padecer Parkinson.
La EPA estadounidense mantiene una posición más cautelosa: después de revisar cientos de estudios sostiene que todavía no encontró un vínculo causal claro entre los usos autorizados del paraquat y el Parkinson, y señala resultados contradictorios entre distintas investigaciones. Sin embargo, la propia agencia reconoce riesgos potenciales para trabajadores que mezclan, cargan o aplican el producto, para quienes ingresan posteriormente a los campos tratados y para personas expuestas a la deriva de las aplicaciones. También reabrió parte de su análisis después de recibir nuevos datos que generaron mayor incertidumbre sobre la capacidad del producto para volatilizarse y desplazarse por el aire.
La discusión regulatoria avanzó mucho más rápido fuera de Estados Unidos. Más de 70 países han prohibido el paraquat, entre ellos los integrantes de la Unión Europea. Vermont se convirtió en mayo de 2026 en el primer estado estadounidense en aprobar su prohibición y en junio las congresistas Chellie Pingree, demócrata, y Anna Paulina Luna, republicana, presentaron una iniciativa federal destinada a cancelar todos sus registros y prohibir definitivamente su utilización en Estados Unidos.
Syngenta, empresa históricamente vinculada al desarrollo y producción del herbicida, anunció además en marzo que dejaría de fabricarlo globalmente y cerró a fines de junio su producción en Huddersfield, Reino Unido, la única planta de la compañía que todavía elaboraba el principio activo. La multinacional atribuyó la decisión a razones comerciales y a la competencia de fabricantes genéricos y mantiene que el paraquat puede utilizarse de manera segura respetando las condiciones de las etiquetas.
En Uruguay sigue autorizado, pero no puede utilizarse libremente
Uruguay tomó medidas restrictivas cinco años antes del movimiento de California, pero no llegó a prohibir el herbicida. En octubre de 2021 la Dirección General de Servicios Agrícolas del MGAP estableció que el dicloruro de paraquat no podía utilizarse como desecante de cultivos, con tres excepciones: papa, caña de azúcar y semilleros de leguminosas forrajeras.
La resolución uruguaya describió expresamente al ingrediente como «tóxico letal si se ingiere o inhala», señaló que puede provocar daños orgánicos después de exposiciones únicas o repetidas y advirtió sobre su elevada persistencia en el suelo y toxicidad para aves y organismos acuáticos. El propio MGAP señaló entonces que existían herbicidas desecantes alternativos con eficacia similar.
El producto, sin embargo, permanece dentro del sistema uruguayo de fitosanitarios y su comercialización está condicionada a receta profesional emitida por un ingeniero agrónomo. Eso permite al Estado identificar quién prescribe el producto, para qué establecimiento y bajo qué condiciones se pretende utilizarlo.
El 27 de abril de 2026, en plena cosecha de soja, el MGAP volvió a emitir una advertencia específica. Señaló que aplicar paraquat antes de cosechar soja contraviene las etiquetas, constituye un uso ilegal y puede generar residuos incluso si se aplica quince días antes de la cosecha. La Dirección General de Servicios Agrícolas anunció además que revisaría la base de datos de recetas emitidas por ingenieros agrónomos y realizaría controles de campo sobre productores, distribuidores y empresas aplicadoras. Para desecar soja, el único ingrediente activo registrado en Uruguay es actualmente el diquat.
California abre una discusión que también alcanza a Uruguay
La diferencia entre ambos modelos es ahora concreta. California comenzó el camino para sacar el paraquat de su agricultura; Uruguay decidió mantenerlo disponible bajo receta y fuertes limitaciones de uso. En el caso uruguayo, las propias restricciones vigentes reconocen los riesgos asociados al producto, prohíben utilizarlo como desecante en casi todos los cultivos y establecen mecanismos especiales para controlar su venta y aplicación.
La situación internacional también cambió. A las prohibiciones existentes se sumó Vermont, California inició su retiro, existe un proyecto bipartidista para prohibirlo en todo Estados Unidos y Syngenta abandonó su fabricación mundial, aunque productores genéricos continúan elaborándolo. La investigación publicada el 13 de agosto que dio origen a este análisis señala además que agricultores estadounidenses siguen utilizando millones de libras del herbicida cada año y que su consumo aumentó fuertemente durante las últimas décadas debido, entre otras razones, a la resistencia de malezas frente a otros herbicidas.
Para Uruguay, por tanto, la discusión ya no pasa por determinar si el paraquat presenta riesgos: las propias normas nacionales que restringieron su utilización parten de esa constatación. La cuestión que queda planteada es otra: si las restricciones actuales continúan siendo suficientes frente a la acumulación de evidencia, las decisiones adoptadas por otros países y la disponibilidad de productos alternativos que el propio MGAP reconoció al establecer las limitaciones en 2021.
