por Andrés Alsina
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó ser el único obstáculo para que los «fascistas» de extrema derecha no recuperen el poder. Lo hizo en el acto el viernes que coronó en Río una de las mayores manifestaciones que se recuerden. El domingo se vota, y puede darse por seguro que se irá a segunda vuelta el 25 de este mes.
Con 80 años y ya tres mandatos presidenciales a cuestas, Lula explicó que había decidido presentarse a un histórico cuarto mandato porque creía que solo él podía impedir que su rival de derecha, Flávio Bolsonaro, volviera al gobierno.
“Si no fuera porque me enfrento a estos fascistas, ellos ganarían fácilmente otras elecciones. Soy yo quien se interpone en su camino”, declaró Lula. Y añadió: “O soy yo, o es la barbarie”.
La frase «Civilización y barbarie» fue acuñada por Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), escritor, educador y más tarde presidente de Argentina (1868-1874), como subtítulo de su libro Facundo, escrito en el exilio en Chile.
No se equivoca Lula al tomarla, pues estas elecciones de Brasil no pueden ser más polarizadas, y el candidato opositor, Flavio Bolsonaro, tiene el apoyo de Trump y del gran capital sin fronteras, y de los evangélicos. Para América Latina, y para Uruguay en particular, esta elección en el mayor país del continente es fundamental para el respaldo a un camino democrático.
“Lo que está en juego no es la victoria de un hombre, sino la victoria de una idea, la victoria de la democracia”, agregó Lula al inicio del desfile en la iglesia de La Candelaria. Esta iglesia fue el lugar donde más de un millón de personas, entre ellas Lula, se congregaron en 1984 para exigir elecciones presidenciales directas. Ahora la manifestación fue allí porque Bolsonaro cuestionó que el país esté dedicado a esta virgen, tratando de reafirmar los votos evangélicos. «Nadie le falta el respeto a la Virgen», fue la consigna de esa marcha que apoya a Lula: la preocupación por la patrona de Brasil se apoderó del país antes de las elecciones.
Lula, quien estuvo entre los oradores de aquella histórica manifestación de 1984 cuando era un político prometedor de unos 30 años, ahora agregó: «O consolidamos la democracia, o la perderemos».
Desde Candelária, un mar de partidarios de Lula vestidos de rojo marchó un kilómetro y medio hacia el sur, en dirección a Cinelândia, escenario de una protesta prodemocrática igualmente conocida en 1968, denominada la Marcha de los Cien Mil.
“Ningún gringo va a poner un dedo sobre las cosas de Brasil”, prometió Lula, en una referencia indirecta a las afirmaciones de que la administración de Donald Trump está intentando influir en el voto a favor de Bolsonaro con una campaña de presión económica y diplomática.
“Todos a quienes he respaldado han ganado”, dijo y repite el presidente estadounidense Donald Trump, y éste es su caso más importante del continente.
La decisión de Lula de celebrar el mitin del viernes entre dos lugares con una carga política tan fuerte pone de manifiesto cómo las elecciones de este año han reavivado los temores sobre el futuro de la mayor democracia de América Latina.
Las encuestas previas a las elecciones sugieren que Lula solo tiene una ligera ventaja sobre su adversario, cuyo padre, el expresidente Jair Bolsonaro, cumple una condena de 27 años por planear un golpe de Estado fallido después de que Lula lo derrotara en las elecciones de 2022.
Los electores habilitados para el domingo son 158.765.543; es obligatorio para los mayores de 18 años y facultativo para 22.203.912: los analfabetos, mayores de 70 y jóvenes de 16 y 17 años. La polarización es tal que las encuestas estiman que las elecciones las decide el 3% de los indecisos, que serían menos de 5 millones: 4.762.363 votos. Pero la abstención fue alta en anteriores elecciones, del orden del 21%. Se entiende que esos votos indecisos y los que no se abstengan decidirán la elección.
Muchos demócratas brasileños temen que si su hijo Flavio Bolsonaro, de 45 años, gana las elecciones de este año, actúe con rapidez para liberar de la cárcel a su padre y a sus cómplices en el golpe de Estado, y que luego se dedique a desmantelar y cooptar las instituciones democráticas del país, como el Tribunal Supremo.
“Estas son las elecciones más importantes de nuestras vidas, y tenemos que hacer todo lo posible para ganar”, dijo por su parte Marcelo Freixo, político del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, que se postula para un escaño en el Congreso.
Freixo advirtió: “Vivimos 21 años bajo una dictadura muy dura. Luchamos con ahínco para lograr nuestras instituciones democráticas. Y una victoria de la familia Bolsonaro —una familia que siempre… defendió abiertamente la dictadura e intentó dar un golpe de Estado… significaría el fin de nuestro proceso e instituciones democráticas”.
Valmir Aleixo, un profesor de historia de 55 años que participó en la manifestación a favor de Lula el viernes entre miles de personas, declaró: «Se trata de una elección entre la democracia y la brutalidad del fascismo de extrema derecha. Estas son quizás las elecciones más importantes desde el retorno de la democracia en los años 80».
Noni Ostrower, de 74 años, acudió a la que fue la mayor protesta de izquierda en Río en años portando una pancarta casera que decía: «La democracia es valiosa».
“Soy hija de dos refugiados del nazismo. Vinieron a Brasil desde Alemania por eso”, dijo Ostrower. “Nací aquí en Brasil… y hoy tengo nietos y no quiero bajo ningún concepto que el fascismo regrese a Brasil; sería una tragedia para el país. Por eso estoy aquí hoy”.
Durante la campaña, Flávio Bolsonaro prometió indultar a su padre de 71 años si resultaba elegido, y algunos especulan que Jair Bolsonaro incluso podría convertirse en ministro. Su hermano, Eduardo Bolsonaro, un exdiputado radical vinculado al movimiento MAGA de Trump, supuestamente aspira a ser ministro de Relaciones Exteriores. Flávio Bolsonaro anunció su intención de nombrar a cinco magistrados conservadores para el Tribunal Supremo.
Luiz Eduardo Soares, destacado antropólogo y escritor, expresó su temor ante la posibilidad de que el clan Bolsonaro recupere el poder. “Creo que estas elecciones podrían ser las últimas de mi vida, de mi generación… Lo que se hizo en Hungría en el transcurso de 10 años, [Bolsonaro] lo hará en dos”, predijo Soares en referencia a la transformación del país europeo en una “autocracia electoral” bajo el mandato de su ex primer ministro, Viktor Orbán.
Diogo Nogueira, un famoso cantante de samba que acudió al mitin luciendo su característico sombrero panamá, declaró: «Necesitamos ganar en la primera vuelta para que este tipo de personas no vuelvan al gobierno. Si regresan, no será un problema solo durante cuatro años, sino durante 10 o 20».
Para eso es necesaria una mayoría propia; el 50%, según la Constitución. Las encuestas sugieren que es probable que las elecciones se definan en una segunda vuelta entre Lula y Bolsonaro el 25 de octubre. Se espera que Lula obtenga alrededor del 45% de los votos el domingo y Bolsonaro el 40%, según la encuestadora Datafolha. Sin embargo, en el mitin del viernes, Lula afirmó que podría lograr una sorprendente victoria en la primera vuelta al obtener más del 50% de los votos.
En una transmisión en línea, Bolsonaro insistió en que su campaña triunfaría. “Brasil está a pocas horas de decidir su futuro… para los próximos 30, 40, 50 años. Es el fin de una era. Es el fin de la era del Partido de los Trabajadores”, afirmó, pidiendo a los votantes indecisos que lo apoyaran para lograr ese objetivo, incluso si él no les caía bien.
