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Bolivia: la COB cierra la puerta al diálogo y la presión contra Rodrigo Paz entra en una fase más dura

La Central Obrera Boliviana marchó hacia el centro de La Paz y afirmó que las bases desbordaron a la dirigencia sindical. El conflicto, que comenzó con reclamos sociales y económicos, escaló hacia el pedido de renuncia del presidente Rodrigo Paz, en medio de bloqueos, escasez, denuncias de represión y una creciente disputa por el rumbo del país.

La COB rompe el diálogo y apunta contra Paz

La crisis política y social en Bolivia sumó un nuevo capítulo este lunes con la movilización de la Central Obrera Boliviana hacia el centro de La Paz. Los dirigentes sindicales afirmaron que ya no existe margen para una mesa de diálogo con el gobierno de Rodrigo Paz y que las bases fueron más lejos que sus propias conducciones.

El secretario general de la Central Obrera Departamental, Cecilio Gonzáles, sostuvo que el gobierno no dio respuestas en el momento adecuado y que el reclamo de las bases se concentró en un punto central: la renuncia del presidente. Según su planteo, algunos dirigentes aceptaron acercamientos con el Ejecutivo, pero esos contactos fueron rechazados por los sectores movilizados.

La frase que marca el clima de la jornada es política y sindical al mismo tiempo: las bases rebasaron a la dirigencia. En una crisis de estas características, eso significa que la conducción formal pierde capacidad de ordenar la protesta y que el conflicto deja de depender solamente de una negociación entre autoridades y representantes.

La COB, junto con campesinos, vecinos, transportistas y otros sectores, mantiene la presión sobre la sede de gobierno. En el centro paceño también se instalaron puntos de bloqueo, mientras los movilizados anunciaron una vigilia.

De los reclamos sociales al pedido de renuncia

El conflicto no nació directamente con el pedido de salida de Paz. Las protestas comenzaron con demandas salariales, reclamos contra el costo de vida, rechazo a medidas de ajuste y cuestionamientos a reformas impulsadas por el gobierno. Con el paso de los días, la movilización se amplió y el centro del reclamo pasó a ser la renuncia presidencial.

Bolivia atraviesa una crisis económica profunda, con problemas de abastecimiento, presión sobre los precios, escasez de combustible y una tensión creciente entre el gobierno y organizaciones sociales. En La Paz y El Alto, los bloqueos impactaron sobre mercados, hospitales, estaciones de servicio y transporte.

El gobierno intentó responder con cambios políticos y gestos de austeridad. Rodrigo Paz anunció que reducirá a la mitad su salario y el de sus ministros, en un intento de mostrar compromiso en medio del malestar social. Pero la medida aparece tarde frente a una protesta que ya no se limita al reclamo económico inicial.

También hubo un movimiento en el gabinete. El ministro de Trabajo, Edgar Morales, dejó el cargo tras semanas de tensión con la COB, y fue reemplazado por Williams Bascopé. El cambio buscó abrir un canal con los sectores movilizados, pero la reacción sindical mostró que la crisis ya había superado ese nivel de negociación.

Bloqueos, corredores humanitarios y denuncia de represión

El Ejecutivo anunció la apertura de corredores humanitarios para permitir el ingreso de alimentos, medicamentos, oxígeno y otros insumos a zonas afectadas por los bloqueos. La medida fue presentada como una operación pacífica, pero el clima en las rutas y accesos a La Paz sigue siendo de alta tensión.

En las últimas horas, las denuncias por represión agravaron todavía más el escenario. Movimientos sociales que exigen la renuncia de Paz denunciaron la muerte de un joven de 24 años durante un operativo policial-militar en la zona de Calamarca, cerca de La Paz. Según esas denuncias, la muerte se produjo por un disparo de arma de fuego. El gobierno negó el uso de armas letales y rechazó esa versión.

La Iglesia Católica, la Defensoría del Pueblo y organismos de derechos humanos reclamaron una investigación independiente y transparente sobre los hechos. En un país con una larga memoria de conflictos sociales reprimidos desde el Estado, cualquier denuncia de violencia institucional tiene un peso político inmediato.

El gobierno, por su parte, sostiene que los bloqueos también provocaron muertes y daños graves, entre ellos el caso de un niño que no pudo llegar a tiempo a una cirugía de emergencia por los cortes de ruta.

La Ley 1341 y el temor a una respuesta de fuerza

Uno de los puntos que más preocupa a los sectores movilizados es la discusión sobre la Ley 1341, vinculada a la regulación de los estados de excepción. La posible abrogación de esa norma abrió un debate sobre el alcance de las herramientas que podría usar el Estado frente a las protestas.

Dirigentes sociales interpretan ese movimiento como una señal de endurecimiento. En la calle, el mensaje se lee como una puerta abierta a medidas de fuerza contra las movilizaciones. Analistas bolivianos advirtieron que la eliminación de la ley puede dejar un vacío legal y enviar una señal política peligrosa en medio de los bloqueos y la crisis social.

El gobierno y sectores legislativos que apoyan la abrogación sostienen que la norma limitaba la capacidad del Estado para actuar en situaciones extremas. Pero el contexto vuelve inevitable la sospecha: discutir estados de excepción mientras las calles están movilizadas y las rutas bloqueadas enciende alarmas sobre una posible salida represiva.

Tierras, ajuste y una crisis que se agranda

La protesta también está atravesada por el conflicto agrario. Días atrás, Paz abrogó la Ley 1720, cuestionada por campesinos e indígenas que temían que esa norma terminara favoreciendo a terratenientes o empresarios agrícolas en perjuicio de pequeños productores y comunidades.

La anulación de esa ley fue presentada por el gobierno como resultado del diálogo, pero no logró desactivar el conflicto general. El malestar ya había sumado otros componentes: salarios, combustible, alimentos, costo de vida, rechazo al ajuste y desconfianza hacia un gobierno que no consigue reconstruir autoridad política frente a las organizaciones sociales.

La crisis boliviana ya no puede leerse como una protesta aislada. Es una disputa abierta por el rumbo económico, la relación del Estado con los sectores populares y los límites de la respuesta gubernamental frente a la protesta social. La COB cerró la puerta al diálogo en el momento en que las bases empujan una consigna más dura: la salida de Rodrigo Paz.

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