En una entrevista brindada a Hoy Canelones, el senador frenteamplista Oscar Andrade sostuvo que el gobierno debe mirar menos las encuestas y más las desigualdades concretas que siguen golpeando a una parte importante de la sociedad uruguaya.
Oscar Andrade puso el dedo en una discusión que el gobierno de Yamandú Orsi no puede esquivar: la percepción pública no se corrige solamente con comunicación, ni con encuestas favorables, ni con esperar que pase el tiempo. Se corrige con medidas concretas, con presupuesto, con presencia del Estado y con respuestas visibles allí donde la vida cotidiana sigue siendo demasiado dura.
El senador frenteamplista y secretario general del Partido Comunista del Uruguay planteó que no alcanza con mirar la caída o suba de aprobación del gobierno desde el dato frío de una encuesta. La pregunta de fondo es otra: qué está sintiendo la parte de la sociedad que votó un cambio y que todavía espera señales claras de mejora.
Ahí aparece el centro político de sus declaraciones. Andrade no niega que existan reclamos, ni los trata como impaciencia. Al contrario, los ubica en un terreno razonable: hay sectores populares que siguen esperando respuestas porque para eso se ganó el gobierno. Esa frase resume buena parte del desafío del Frente Amplio en esta etapa. No se ganó solamente para administrar mejor, sino para revertir una tendencia de desigualdad que se profundizó durante el ciclo anterior.
La encuesta no es el centro: el centro es la desigualdad
Andrade sostuvo que hay desigualdades duras que están costando resolver. Ese reconocimiento importa porque evita dos errores comunes: negar los problemas o enojarse con quienes los señalan.
El gobierno actual recibe un país atravesado por heridas sociales profundas. Vivienda, infancia, empleo, salarios, seguridad social, interior del país y barrios populares forman parte de una misma agenda. No son temas separados. Son la estructura concreta de la desigualdad.
Por eso, la discusión no debería reducirse a si la aprobación presidencial baja o sube algunos puntos. La política no puede quedar atrapada en el termómetro de las encuestas. El problema real está en las familias que no llegan, en los gurises que crecen en hogares castigados, en las mujeres que sostienen casas enteras sin condiciones mínimas, en el interior profundo que muchas veces queda lejos de los programas públicos diseñados desde Montevideo.
Andrade llevó esa discusión al terreno material. Habló de una recorrida por Florida y de situaciones de pobreza extrema que todavía persisten. Ese tipo de ejemplo no funciona solo como imagen sensible. Funciona como advertencia política: el gobierno tiene que llegar rápido, llegar bien y llegar donde más duele.
El presupuesto como primera gran prueba
El senador ubicó este año como un momento clave porque empieza a jugarse el presupuesto del Frente Amplio. Esa será, en buena medida, la primera gran prueba del gobierno de Orsi: transformar orientación política en recursos, programas y resultados.
Entre las medidas mencionadas aparecen la Ley de Empleo Integral, la beca Butiá, los contenidos que puedan surgir del diálogo de seguridad social, los recursos para vivienda de emergencia y el programa Más Barrio.
El punto que marca Andrade es importante: no alcanza con aprobar herramientas si después no llegan a quienes más las necesitan. Recordó experiencias anteriores vinculadas al empleo para personas con discapacidad que, según su mirada, quedaron demasiado concentradas en Montevideo y tuvieron escaso impacto en el interior.
Esa advertencia debería ser tomada en serio. Un gobierno progresista no puede repetir la lógica centralista que deja a buena parte del país mirando los anuncios desde lejos. Si una beca, un programa de empleo o una política de vivienda no llegan a los territorios más castigados, el problema no es solo administrativo: es político.
La beca Butiá, por ejemplo, puede ser una herramienta importante si logra concentrarse en hogares con infancia más golpeada. Lo mismo ocurre con vivienda de emergencia o con Más Barrio. Si esos programas logran combinar vivienda, policlínica, comunidad, educación, cuidados y presencia estatal, pueden marcar una diferencia. Si quedan reducidos a anuncios o intervenciones parciales, la expectativa social puede transformarse en frustración.
Dos proyectos de país
Uno de los pasajes más fuertes de Andrade aparece en su defensa de una idea que fue central en la campaña frenteamplista: el gobierno anterior dejó un país más desigual. Para Andrade, decir eso no era un insulto, sino un dato político y social.
La afirmación ordena la discusión. Durante el período anterior, los sectores de mayores ingresos tuvieron mejores condiciones relativas, mientras los sectores más pobres quedaron rezagados. Esa lectura fue parte del argumento central para pedir un cambio de rumbo. Por eso, el Frente Amplio tiene ahora la responsabilidad de demostrar que ese diagnóstico no era solo una consigna electoral.
Gobernar “en clave artiguista”, como planteó Andrade, implica poner primero a los más infelices. No en el discurso, sino en la asignación de recursos, en la llegada de las políticas públicas y en la construcción de prioridades.
El desafío del gobierno no está solamente en responderle a la oposición. Está en responderle a su propia base social, a quienes acompañaron el cambio esperando una vida un poco más digna, un Estado más presente y una economía menos concentrada.
La derecha va a intentar convertir cada dificultad en prueba de fracaso. Eso es previsible. Pero el Frente Amplio no debería organizar su agenda en función del ruido opositor. La medida real estará en otro lado: si las políticas llegan a la infancia pobre, a los barrios, al interior, a la vivienda, al empleo, a las mujeres que sostienen hogares vulnerables, a los trabajadores y trabajadoras que siguen esperando una recuperación concreta.
Ahí, como dijo Andrade, se juega el partido.
Fuente : F:G para Hoy Canelones
Foto ; Desayunos Informales, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
