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Uruguay mostró en Rotterdam su apuesta por el hidrógeno verde y los combustibles sintéticos

El país participó por tercer año consecutivo en el World Hydrogen Summit & Exhibition 2026, con presencia de UTE, MIEM, ANCAP, LATU, Uruguay XXI y empresas que impulsan proyectos de hidrógeno verde, metanol verde y combustibles sintéticos.

Uruguay busca posicionarse en la nueva economía energética

Uruguay volvió a presentarse en Rotterdam como plataforma para inversiones vinculadas al hidrógeno verde, los combustibles sintéticos y la descarbonización del transporte y la industria. La participación se dio en el World Hydrogen Summit & Exhibition 2026, uno de los encuentros internacionales más relevantes del sector, realizado entre el 19 y el 21 de mayo en Países Bajos.

Por tercer año consecutivo, el país contó con un stand propio y una delegación integrada por representantes públicos y privados. Según informó Uruguay XXI, la comitiva estuvo encabezada por la presidenta de UTE, Andrea Cabrera, y el embajador uruguayo en Países Bajos, Álvaro González Otero. También participaron representantes del Ministerio de Industria, Energía y Minería, ANCAP, LATU y Uruguay XXI, junto con empresas vinculadas al desarrollo de proyectos de hidrógeno verde.

La presencia uruguaya tuvo un objetivo claro: mostrar que el país no parte de cero. Uruguay ya completó una primera transición energética, con una matriz eléctrica casi totalmente renovable, y ahora busca avanzar hacia una segunda etapa: usar esa base limpia para producir derivados de mayor valor, como e-metanol, e-combustibles y otros insumos para industrias que necesitan reducir emisiones.

Europa y América Latina miran al hidrógeno como oportunidad estratégica

El encuentro de Rotterdam reunió a gobiernos, empresas, puertos, organismos financieros y desarrolladores de proyectos. La edición 2026 estuvo centrada en la relación entre clima, energía y seguridad, con una preocupación de fondo: cómo transformar el hidrógeno verde en una economía real, con demanda, inversión, infraestructura y contratos de largo plazo.

Uruguay también participó en el evento paralelo “Powering Decarbonisation: Europe–Latin America Hydrogen Partnerships”, orientado a fortalecer la cooperación entre Europa y América Latina. Allí, el país fue representado por Federico Ferrés, vicepresidente de la Asociación Uruguaya de Hidrógeno, quien destacó las condiciones nacionales para desarrollar este sector: disponibilidad de recursos renovables, potencial de CO₂ biogénico y estabilidad para proyectos de largo plazo.

Esa mirada coloca a Uruguay en una discusión que va más allá de la energía. El hidrógeno verde y sus derivados forman parte de una disputa global por nuevas cadenas productivas, transporte limpio, combustibles alternativos, fertilizantes, industria pesada y comercio internacional con menor huella de carbono. Para un país pequeño, la oportunidad está en insertarse como proveedor confiable, pero también en cuidar que los proyectos generen empleo, tecnología, control ambiental y desarrollo local.

Proyectos de gran escala y controles ambientales

La apuesta uruguaya ya tiene proyectos concretos sobre la mesa. El más grande es el de HIF Global en Paysandú, que prevé una inversión superior a los US$ 5.000 millones para producir combustibles sintéticos a partir de hidrógeno verde y CO₂. Según información oficial de Presidencia, el proyecto proyecta una producción de 880.000 toneladas anuales de e-combustibles en su última fase, a partir de 2029.

El Ministerio de Ambiente detalla que la iniciativa de HIF incluye una planta de producción de hidrógeno verde, e-metanol y e-gasolina, con demanda energética de gran escala, uso de agua del río Uruguay y aprovechamiento de CO₂ proveniente de fuentes industriales y biomasa. Esos datos muestran la magnitud del proyecto, pero también la necesidad de evaluación pública, controles ambientales y seguimiento territorial.

A ese proyecto se suma Tambor, impulsado por ENERTRAG junto a SEG Ingeniería, orientado a producir hidrógeno verde y derivados mediante energía renovable de parques eólicos y solares asociados. También aparece Kahirós, con participación de Ventus, como iniciativa vinculada al uso de hidrógeno verde en transporte pesado forestal.

El país promueve estas inversiones desde una base que considera estratégica: estabilidad institucional, experiencia en energías renovables, capacidad logística, recursos naturales y una política de Estado iniciada con la primera transformación de la matriz eléctrica. La segunda transición, sin embargo, no se juega solo en atraer capital extranjero. También se define en cómo se distribuyen sus beneficios, cómo se protegen el agua y el territorio, y qué lugar ocupan las empresas públicas, la investigación nacional y las comunidades donde se instalarán los proyectos.

Fuente; Uruguay XXI

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