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Bolsas, envoltorios y films plásticos: el residuo cotidiano que complica al reciclaje

Los plásticos flexibles están en bolsas de supermercado, envoltorios de alimentos, paquetes de papel higiénico y film protector. Son livianos, parecen inofensivos y circulan todos los días, pero pueden tardar siglos en degradarse, liberar microplásticos y trabar los sistemas de reciclaje si se tiran en el contenedor equivocado.

Un plástico que está en todas partes

Las bolsas de supermercado, el nylon de los paquetes, el envoltorio del pan, el plástico del cereal, el film que cubre productos en góndola y el plástico de burbujas forman parte de una misma familia: los llamados films plásticos o plásticos flexibles.

Son materiales blandos, livianos y elásticos, muy usados porque permiten envolver, transportar y proteger productos. El problema aparece después. Una vez descartados, no siempre siguen el mismo camino que una botella, una lata o una caja de cartón.

Si terminan en la basura común, pueden permanecer durante décadas o siglos en vertederos y contribuir a la contaminación por microplásticos. Si se tiran en los contenedores domiciliarios de reciclaje sin separación adecuada, también generan dificultades. Por su forma liviana y flexible, pueden engancharse en cintas, rodillos y máquinas de clasificación, trabando equipos y perjudicando el tratamiento de otros materiales.

En Estados Unidos, según datos de la Agencia de Protección Ambiental citados por AP, más de 3 millones de toneladas de bolsas, sacos y envoltorios plásticos fueron a parar a vertederos en 2018. El dato muestra la dimensión de un problema que no se resuelve solo con buena voluntad individual, aunque los cambios cotidianos también importan.

No todo plástico va al mismo contenedor

Uno de los errores más frecuentes es tirar bolsas o films plásticos al reciclaje domiciliario con la esperanza de que “en algún lado” se puedan recuperar. Esa práctica, conocida en inglés como wishcycling, parte de una intención positiva, pero puede terminar complicando el sistema.

La clave está en identificar el tipo de plástico. Muchos films llevan el símbolo triangular con un número en el centro. Ese número indica el material del envase, no garantiza por sí solo que pueda reciclarse en cualquier contenedor.

Los films identificados con los números 2 o 4 suelen estar hechos de polietileno de alta o baja densidad. En algunos lugares pueden llevarse a puntos específicos de recolección, generalmente ubicados en supermercados, comercios o centros especializados. No deberían mezclarse con cartón, vidrio, latas o botellas en el reciclaje común.

También hay envoltorios más complejos, hechos con varias capas de distintos plásticos. Ese tipo de envase aparece, por ejemplo, en algunas bandejas de carne, productos frescos o alimentos que necesitan mayor conservación. Al combinar materiales, su reciclaje se vuelve mucho más difícil.

Antes de llevar bolsas o films a un punto de recepción, conviene revisar que estén limpios, secos y sin restos de comida. Las bolsas con grasa, residuos orgánicos o muy deterioradas no son buenas candidatas para reciclar. También hay que retirar tickets, papeles u otros objetos que hayan quedado dentro.

Reducir, reutilizar y separar mejor

La solución de fondo no puede quedar solamente en manos de los consumidores. La producción global de plástico sigue creciendo y las negociaciones para un tratado internacional que limite ese avance han enfrentado fuertes resistencias, en especial de países productores de petróleo y sectores vinculados a esa industria.

Pero mientras esa discusión política y económica continúa, hay decisiones concretas que ayudan a reducir el daño. Usar bolsas reutilizables para las compras, elegir productos sueltos antes que envueltos en plástico innecesario, evitar empaques excesivos y comprar local o de segunda mano son formas simples de disminuir la cantidad de films que entran a la casa.

También sirve reutilizar lo que ya existe. Una bolsa puede volver varias veces al supermercado, servir para residuos pequeños del baño, guardar ropa húmeda después de la playa o cumplir otros usos antes de transformarse en desecho. No es una solución perfecta, pero extiende la vida útil de un material que, de otra forma, tendría pocos minutos de uso y muchos años de impacto ambiental.

Fuentes

Associated Press
Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos
Especialistas citados por AP: Erha Andini, Gary Dusek, Stephanie Hicks y Meg Sobkowicz

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