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Qué habría pasado con los combustibles si se aplicaba la paridad de importación de la LUC

El sistema de precios incorporado durante el gobierno de Lacalle Pou puso al Precio de Paridad de Importación como referencia obligatoria para calcular los combustibles. En mayo, si esa referencia se hubiera trasladado sin amortiguación, el gasoil 50S habría quedado en $73,73 por litro y no en $57,72. La diferencia vuelve a mostrar el papel de ANCAP, la refinería y la decisión política de no dejar el precio atado solamente al mercado internacional.

La pregunta detrás del aumento

La presidenta de ANCAP, Cecilia San Román, afirmó que el gasoil debió aumentar entre 60% y 80% según los indicadores internacionales. La frase abrió una pregunta de fondo: qué habría pasado si Uruguay aplicaba de manera directa el Precio de Paridad de Importación, el criterio incorporado en la LUC durante el gobierno de Luis Lacalle Pou.

La respuesta está en los números oficiales. Para mayo de 2026, los precios de referencia indicaban que la nafta debía ubicarse en $91,40 por litro, el gasoil 50S en $73,73 y el supergás en $106,45 por kilo. Sin embargo, los precios finalmente aplicados fueron menores: $88,03 para la nafta Súper, $57,72 para el gasoil 50S y $101,26 para el GLP.

La diferencia más fuerte aparece en el gasoil. Si se hubiera aplicado plenamente el precio de referencia, el litro habría quedado $16,01 más caro que el valor efectivamente fijado. En porcentaje, el ajuste necesario para llegar a la referencia oficial era de 46%, pero el aumento aplicado fue de 14%.

El mecanismo creado por la LUC

La Ley de Urgente Consideración no inventó los movimientos internacionales del petróleo ni de sus derivados, pero sí reorganizó el modo de mirar los precios internos. El artículo 235 estableció que el Poder Ejecutivo debe aprobar los precios de los combustibles producidos por ANCAP con informes preceptivos de URSEA y de la propia empresa pública.

Ese mismo artículo ordenó que la URSEA explicite, para cada producto, el precio de paridad resultante de importar el combustible terminado y hacerlo disponible en las plantas de distribución de ANCAP. En otras palabras: el sistema pasó a mirar cuánto costaría traer el producto ya refinado desde afuera, aunque Uruguay tenga una refinería propia.

El artículo 236 completó esa orientación al encomendar a la URSEA la revisión integral de la metodología de cálculo del Precio de Paridad de Importación. El artículo 237, además, ordenó estudiar el mercado de petróleo y derivados, incluyendo refinación, importación, cadena de comercialización, tributos, subsidios y el aporte de valor de la refinería de La Teja.

Ahí está el centro político del debate. La LUC instaló una referencia de mercado internacional como guía técnica del precio. Pero la situación actual muestra que aplicar esa referencia sin mediación puede trasladar de forma directa una crisis externa al bolsillo de la población.

Cuánto habrían costado los combustibles

Los precios oficiales permiten ver la diferencia con claridad.

CombustiblePrecio aplicado en mayoPrecio de referencia por PPIDiferencia
Nafta Súper 95$88,03$91,40+$3,37
Gasoil 50S$57,72$73,73+$16,01
Supergás$101,26$106,45+$5,19

El caso del gasoil es el más sensible porque atraviesa buena parte de la economía real. No afecta solamente a quien carga combustible. Impacta sobre transporte, producción agropecuaria, distribución, alimentos, fletes, logística y costos de servicios.

Por eso la pregunta no es técnica en sentido estrecho. Es social y política. Si Uruguay hubiera dejado que el precio se acomodara plenamente al valor de importación, el aumento habría golpeado con más fuerza sobre trabajadores, productores, pequeñas empresas y consumidores.

La refinería como diferencia concreta

San Román defendió el papel de la refinería de La Teja como herramienta para contener parte del impacto. Su argumento apunta a un punto clave: una cosa es importar derivados terminados y otra es contar con capacidad propia para refinar.

Durante años, la discusión sobre ANCAP y la refinería fue presentada desde una mirada de costos. En momentos de tensión internacional, aparece la otra parte de la ecuación: tener una empresa pública y una refinería funcionando permite amortiguar, ganar tiempo y evitar que el precio interno copie de inmediato cada sacudón del mercado externo.

Eso no significa que ANCAP pueda absorber indefinidamente cualquier diferencia. La propia presidenta de la empresa advirtió que, si el conflicto internacional se prolonga, será cada vez más difícil sostener ese diferencial. Pero el episodio muestra que la existencia de una herramienta pública cambia el margen de decisión del país.

Sin ANCAP, sin refinería y con una lógica puramente importadora, la discusión sería mucho más simple y mucho más dura: pagar el precio internacional completo o asumir el desabastecimiento. Con empresa pública, el Estado conserva una capacidad de intervención que el mercado por sí solo no ofrece.

La paradoja del precio de importación

La paradoja es clara. El sistema defendido durante el gobierno de Lacalle Pou prometía transparencia y alineamiento con referencias internacionales. Pero la realidad actual muestra que, en contextos de crisis, esa referencia puede convertirse en una vía rápida para trasladar aumentos al público.

La decisión de no aplicar plenamente el PPI no elimina la suba, pero evita un salto mayor. En mayo, el país no pagó el precio completo que marcaba la referencia de importación. El gasoil no quedó a $73,73. Quedó a $57,72. Esa diferencia no salió de la nada: fue absorbida por ANCAP y por una decisión política de amortiguación.

El debate de fondo vuelve entonces al lugar del Estado. Una política energética no puede reducirse a mirar una planilla internacional y trasladar el resultado al surtidor. En un país pequeño, importador de petróleo y dependiente de precios externos, la soberanía también se juega en la capacidad de decidir cuánto del golpe internacional se traslada al bolsillo de la gente y cuánto se contiene mediante herramientas públicas.

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