El duodécimo lanzamiento de prueba del cohete Starship fue suspendido en Texas por problemas técnicos poco antes del despegue. La misión debía estrenar una versión rediseñada del sistema, clave para los planes de SpaceX, Starlink y futuras misiones lunares de la NASA.
Un despegue que volvió a quedar en espera
SpaceX volvió a postergar el lanzamiento de prueba de Starship, el cohete con el que Elon Musk busca consolidar una nueva etapa de la carrera espacial privada. El vuelo, previsto desde la base de Starbase, en el sur de Texas, fue suspendido después de varios intentos de cuenta regresiva que no terminaron en despegue.
La empresa había reprogramado la prueba para este jueves, luego de un aplazamiento previo, pero los problemas técnicos obligaron a detener nuevamente la operación. Según informó EFE, el portavoz de SpaceX, Dan Huot, señaló durante la transmisión en vivo que se trataba de un cohete nuevo y una plataforma nueva, por lo que la compañía seguía aprendiendo sobre esos sistemas en su primera puesta en funcionamiento.
La empresa anunció un nuevo intento para este viernes, dentro de una ventana de lanzamiento prevista desde la tarde en Texas. El objetivo es completar una prueba clave para el programa Starship, que acumula avances, explosiones, rediseños y demoras desde sus primeros vuelos experimentales.
Una versión más ambiciosa del Starship
La prueba suspendida tenía un elemento central: era el debut de la configuración V3 de Starship, una versión rediseñada tanto en el propulsor Super Heavy como en la etapa superior del cohete. SpaceX presenta este sistema como el cohete más grande y potente construido hasta ahora, pensado para transportar carga, desplegar satélites y, en una etapa posterior, llevar tripulación y equipos hacia la Luna y Marte.
La misión también debía probar una nueva plataforma de lanzamiento y motores Raptor 3, piezas fundamentales para aumentar la capacidad del sistema. Si el lanzamiento se concreta, el propulsor Super Heavy deberá separarse de la nave y realizar un amerizaje controlado en el Golfo de México, sin intentar regresar a la torre para ser capturado.
En la fase espacial, Starship buscará avanzar en pruebas vinculadas al despliegue de satélites de Starlink y al reencendido de motores en el vacío. De acuerdo con EFE, el objetivo general del vuelo es intentar que Starship alcance una trayectoria orbital y permita validar componentes centrales de esta nueva versión.
Tecnología, negocio y dependencia pública
El retraso no es un dato menor. Starship no es solo un proyecto tecnológico de una empresa privada. También forma parte de una arquitectura más amplia donde se cruzan negocios satelitales, contratos públicos, expectativas financieras y objetivos estratégicos de Estados Unidos en el espacio.
La NASA sigue de cerca el programa porque necesita una versión de Starship para futuras misiones Artemis, destinadas a llevar astronautas nuevamente a la superficie lunar. Esa dependencia muestra una transformación profunda: una parte cada vez más importante de la exploración espacial pública descansa sobre empresas privadas con enormes capacidades técnicas, pero también con intereses comerciales propios.
El caso Starship resume esa tensión. Por un lado, hay innovación real, desarrollo de ingeniería y una búsqueda de reutilización que puede cambiar los costos del acceso al espacio. Por otro, también hay concentración empresarial, espectáculo mediático y una carrera tecnológica donde las decisiones de una compañía privada pueden condicionar calendarios científicos y programas estatales.
