OSE pagó $28.449.888 por el dique provisorio de Campanario, construido sobre el río San José durante la crisis hídrica de 2023 como pieza indispensable para que pudiera funcionar la captación de Paso Valdez. La estructura fue adjudicada directamente a José Cujó SA, comenzó a sufrir los efectos de las crecientes poco después de terminada y terminó desapareciendo como infraestructura operativa. En 2024 el entonces presidente de OSE, Raúl Montero, reconoció ante el Parlamento que el dique “prácticamente no existe” y en 2025 el propio Directorio dejó establecido que había quedado destruido. El dato que completa ahora aquella historia es todavía más contundente: para volver a utilizar la captación del río San José será necesario construir otro dique en Campanario.
$28,4 millones para levantar una solución que nació provisoria
La crisis hídrica de 2023 colocó al sistema metropolitano de abastecimiento de agua en una situación extrema. Paso Severino había caído hasta aproximadamente el 5% de su capacidad, Canelón Grande estaba agotado y OSE necesitaba incorporar con urgencia nuevas reservas de agua dulce para sostener el suministro. Fue en ese escenario que el organismo decidió captar agua del río San José en Paso Valdez y trasladarla hacia el sistema del Santa Lucía, una operación que requería asegurar previamente un nivel suficiente en el río para que las bombas pudieran trabajar.
El problema era que la captación no podía depender solamente del nivel natural del San José. OSE necesitaba generar un embalse que garantizara la altura de agua necesaria para la succión y que permitiera sostener el bombeo previsto, estimado en 8.000 metros cúbicos por hora. La respuesta fue construir un dique en el paraje Campanario, también identificado como Buschental, una obra que la propia resolución del Directorio definió desde el comienzo como un “dique de paso provisorio”.
La palabra “provisorio” no aparecía como una descripción secundaria. La Resolución 779/23 señalaba expresamente que Campanario constituía un “complemento necesario” para el funcionamiento de la captación del río San José. Sin ese embalse artificial, el nivel del agua podía resultar insuficiente y comprometer la operación de las bombas. El sistema de Paso Valdez dependía, por tanto, de una estructura que OSE sabía desde su nacimiento que no estaba siendo construida como una represa permanente.
La forma en que se realizó la contratación también quedó documentada. El 22 de junio de 2023, la Cámara de la Construcción comunicó a OSE que había asignado las tareas de movimiento de tierra a José Cujó SA, argumentando que la empresa tenía capacidad inmediata para trabajar en la zona y antecedentes en obras similares. Al día siguiente, Cujó presentó su oferta y ese mismo 23 de junio el Directorio resolvió contratarla directamente por excepción.
La propuesta ascendía a $22.292.750 más IVA y $1.252.733,37 por concepto de leyes sociales. Con los impuestos y cargas correspondientes, OSE aprobó finalmente una contratación por $28.449.888,37. La resolución consideró razonable el precio basándose en antecedentes recientes y en la urgencia provocada por la emergencia hídrica, pero no registra una competencia entre distintas ofertas para determinar quién construiría Campanario ni cuál era el menor precio disponible.
La situación crítica que vivía el país explica que el organismo buscara acortar los procedimientos ordinarios y ejecutar rápidamente una obra considerada imprescindible. Pero la urgencia no modifica la naturaleza de lo contratado: casi $28,5 millones fueron destinados a construir una estructura de tierra que debía asegurar el funcionamiento de la captación y que al mismo tiempo había sido concebida expresamente como provisoria.
Esa contradicción entre la importancia estratégica que se le asignaba y la fragilidad temporal de la solución quedó expuesta apenas comenzaron a regresar las lluvias. El dique había sido construido para retener agua durante una sequía extrema, pero su permanencia dependía justamente de que el río no recuperara caudales capaces de superar la resistencia de una estructura levantada como respuesta de emergencia.
Campanario resolvía una necesidad inmediata, pero no estaba convirtiendo aquellos casi $28,5 millones en una nueva represa permanente del sistema de abastecimiento. Cuando las condiciones hidrológicas cambiaran, la supervivencia del terraplén quedaría sometida a una prueba para la cual nunca había sido concebido como obra definitiva.
Las crecientes llegaron y el dique comenzó a desaparecer
El 18 de julio de 2023, pocas semanas después de su construcción y antes de que el trasvase estuviera plenamente operativo, el aumento del caudal provocó la apertura de parte de la estructura. OSE rechazó entonces que hubiera ocurrido un colapso de la represa y explicó que la afectación correspondía a un sector previsto para aliviar el agua frente a una creciente.
Aquella explicación tenía una base técnica. Campanario no había sido diseñado como una gran presa permanente, sino como un dique de tierra cuyo comportamiento frente al aumento del caudal contemplaba zonas capaces de ceder para evitar que la presión del agua generara consecuencias mayores. Más adelante, cuando las autoridades comparecieron ante el Parlamento, ese concepto quedó resumido mediante una expresión reveladora: las estructuras provisorias de ese tipo habían sido concebidas con características “fusibles”.
La discusión de julio de 2023 se concentró en determinar si Campanario se había roto o si simplemente había funcionado de acuerdo con lo previsto. OSE insistió en que no correspondía interpretar aquella primera apertura como el fracaso total de la obra porque el resto de la estructura seguía cumpliendo su función y podía ser reacondicionada. Sin embargo, las lluvias posteriores fueron convirtiendo esa discusión inicial en algo cada vez menos relevante.
A medida que los cursos de agua recuperaron sus caudales, el dique volvió a quedar expuesto a las crecientes y necesitó nuevas intervenciones. Lo que originalmente había sido presentado como una respuesta para mantener el nivel del San José comenzó a perder materiales y a dejar de cumplir de forma permanente la función para la cual había sido construido. La propia recuperación de las lluvias que permitió superar la crisis hídrica fue deteriorando la infraestructura levantada durante la sequía.
La situación quedó mucho más clara en mayo de 2024, cuando autoridades de OSE y del Ministerio de Ambiente comparecieron ante la Cámara de Representantes. Allí se explicó que Campanario y otras estructuras construidas durante la emergencia tenían carácter provisorio y que su diseño contemplaba precisamente la posibilidad de ceder frente a determinadas crecientes. Ya no se estaba discutiendo únicamente qué había ocurrido durante aquella primera lluvia de julio, sino qué quedaba efectivamente disponible de la obra meses después.
Fue entonces cuando el propio presidente de OSE de aquella administración, Raúl Montero, reconoció la situación de Campanario de una manera difícil de relativizar. Al explicar la necesidad de estudiar una solución diferente para futuras captaciones y de repensar el sistema de diques, se refirió a la estructura construida sobre el río San José como un dique que “prácticamente no existe”.
Habían transcurrido menos de once meses desde que OSE había aprobado una erogación de $28.449.888 para construirlo. El organismo conservaba otros componentes de la infraestructura general de Paso Valdez, pero Campanario, precisamente la obra encargada de generar el embalse que hacía posible mantener el nivel requerido para las bombas, ya no podía considerarse una estructura disponible en las mismas condiciones en que había sido entregada.
La cuestión central no pasa por discutir si la ingeniería había previsto que un dique de esas características pudiera ceder. La documentación demuestra que efectivamente había sido concebido como una solución provisoria y que técnicamente existían razones para permitir que partes de la estructura fueran fusibles frente a grandes caudales. El punto es qué obtuvo el Estado a cambio de los casi $28,5 millones invertidos específicamente en Campanario.
No obtuvo una represa permanente que pudiera esperar intacta hasta la siguiente sequía. Tampoco quedó un dique preparado para ser activado inmediatamente cuando volviera a necesitarse la captación de Paso Valdez. La obra había cumplido una función limitada dentro de la emergencia de 2023 y las crecientes posteriores fueron eliminando la infraestructura física necesaria para repetir aquella operación.
Lo que en julio de 2023 había generado una discusión sobre palabras terminó adquiriendo una definición oficial mucho más sencilla. Ya no había que decidir si la primera afectación podía llamarse rotura, apertura controlada o funcionamiento fusible. Dos años después, fue el propio Directorio de OSE el que estableció cuál era el estado de Campanario.
OSE terminó admitiendo que quedó destruido y que para volver habrá que construir otro
En julio de 2025 OSE aprobó su Protocolo Específico de Sequías para el sistema metropolitano y, al hacerlo, dejó registrada una evaluación oficial del estado de las obras construidas durante la emergencia de 2023. La Resolución 858/25 estableció expresamente que aquellas infraestructuras no se encontraban en condiciones de operación y señaló que los diques de tierra de Campanario, sobre el río San José, y Belastiquí, sobre el río Santa Lucía, estaban destruidos como consecuencia de las crecientes posteriores.
La definición terminó de cerrar una historia que había comenzado dos años antes con una contratación urgente. Campanario había pasado de ser considerado un complemento necesario para la captación de Paso Valdez a integrar la lista de infraestructuras de emergencia que ya no podían utilizarse en su estado existente. El organismo que había contratado y pagado la obra era ahora el mismo que dejaba oficialmente asentado que el dique estaba destruido.
El protocolo permite además responder una pregunta fundamental para evaluar aquella inversión: qué ocurriría si una nueva sequía obligara a Uruguay a volver a buscar agua en el río San José. La respuesta técnica no consiste simplemente en poner nuevamente en funcionamiento las instalaciones construidas en 2023, porque una parte esencial del sistema ya no existe y debe ser reconstruida.
OSE mantiene infraestructura asociada a Paso Valdez y conserva parte de los equipos necesarios, aunque la documentación también señala que la toma y el bombeo requieren trabajos y equipamiento adicionales antes de poder operar nuevamente. El período estimado para reacondicionar la captación se ubica entre aproximadamente un mes y un mes y medio, dependiendo de las obras y adquisiciones necesarias.
Durante ese mismo período aparece nuevamente Campanario. El protocolo establece que, para recuperar el nivel de agua necesario para que las bombas puedan succionar correctamente, deberá construirse en ese lugar un nuevo dique, que podrá ser temporal o permanente según la solución que finalmente adopte OSE. Aquello por lo que el Estado había pagado $28.449.888 en junio de 2023 no quedó disponible para la siguiente emergencia.
La actualización permite así observar el gasto con una perspectiva que no existía durante los días desesperados de la crisis hídrica. En aquel momento podía argumentarse que el país necesitaba cualquier solución capaz de aportar agua y que la velocidad tenía necesariamente un costo. Tres años después ya no se analiza una promesa ni un proyecto, sino el resultado material de aquella decisión.
El Estado destinó casi $28,5 millones a un dique que era indispensable para generar el embalse de Campanario, aunque desde el comienzo había sido concebido como provisorio. Las primeras crecientes lo afectaron pocas semanas después de construido, las autoridades explicaron más adelante que su diseño tenía características fusibles, el presidente de OSE reconoció en 2024 que prácticamente había dejado de existir y el Directorio confirmó en 2025 que estaba destruido.
La constatación no significa que la estructura no haya tenido ninguna utilidad durante la emergencia ni permite borrar las condiciones excepcionales en que fue construida. Significa algo más concreto: aquel gasto no dejó al país una infraestructura durable capaz de enfrentar la siguiente sequía sin volver a construir la pieza fundamental que garantizaba el nivel de agua para la captación.
Cuando llegue nuevamente el momento de recurrir al río San José, OSE no podrá limitarse a encender las bombas y aprovechar el dique por el que ya pagó. Antes tendrá que recuperar la toma, completar los equipos necesarios y levantar en Campanario una nueva barrera que permita volver a formar el embalse.
Ese es el resultado que deja la documentación oficial después de tres años: $28,4 millones destinados a una obra de emergencia que no sobrevivió como infraestructura disponible para la siguiente emergencia y cuya función deberá ser reconstruida si el país necesita volver a utilizar la misma fuente de agua.
Quatroges
