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Solís de Mataojo tendrá un punto de carga rápida para vehículos eléctricos en plena ruta 8

UTE instalará en Solís de Mataojo un equipo de carga rápida para dos vehículos eléctricos en simultáneo. La obra se ubicará en la plaza Lázaro Cabrera y busca convertir a la localidad en una parada estratégica para quienes circulan entre Montevideo, Lavalleja, Cerro Largo y Treinta y Tres.

Una parada eléctrica en el eje de ruta 8

Solís de Mataojo se prepara para sumar un punto de carga rápida para vehículos eléctricos. La instalación fue anunciada por el municipio y forma parte de una coordinación con UTE para incorporar infraestructura en una localidad ubicada sobre un corredor clave del este del país.

La elección del lugar tiene sentido territorial. Solís de Mataojo está sobre ruta 8, en un tramo de circulación hacia Montevideo, Minas, Cerro Largo y Treinta y Tres. Para los usuarios de vehículos eléctricos, contar con un cargador rápido fuera de los grandes centros urbanos puede definir la comodidad y la seguridad de un viaje.

El equipo previsto tendrá 120 kilowatts de potencia y dos conectores de corriente continua. Eso permitirá cargar dos vehículos al mismo tiempo, una diferencia importante frente a puntos de carga más lentos o con menor capacidad operativa.

El cargador será colocado en la plaza Lázaro Cabrera. El municipio deberá realizar la obra civil necesaria para generar una dársena sobre calle Sarandí, con espacio para que dos autos estacionen en ángulo y puedan conectarse al equipo. UTE asumirá la instalación eléctrica, el montaje, la gestión del cargador y su mantenimiento.

Una obra local con impacto en movilidad y comercio

La obra municipal tendrá que resolver aspectos concretos: espacio, circulación, pintura, señalización y posible interferencia con cableado existente en la zona de la plaza. Según la planificación local, el trabajo podría demandar entre 20 y 30 días una vez que se ordenen los recursos y la ejecución.

El financiamiento municipal saldrá de fondos previstos a través de OPP, inicialmente destinados a obras como veredas. La decisión muestra una línea interesante: pequeñas inversiones locales pueden integrarse a una política nacional de movilidad eléctrica si existe coordinación entre municipio, intendencia, UTE y autoridades departamentales.

Para Solís de Mataojo, el cargador no es solo un servicio técnico. También puede generar movimiento en el entorno. Quien carga un vehículo necesita esperar, y esa espera puede transformarse en consumo en comercios cercanos, cafeterías, almacenes o servicios de la zona.

Ese punto no es menor para localidades del interior. La movilidad eléctrica no debería quedar concentrada únicamente en Montevideo, Maldonado o los corredores turísticos más fuertes. La red de carga también puede ser una herramienta para distribuir actividad, mejorar servicios y colocar a pueblos y ciudades chicas dentro de nuevas rutas de circulación.

El crecimiento de los eléctricos exige infraestructura fuera de Montevideo

Uruguay atraviesa un cambio visible en su parque automotor. La venta de vehículos eléctricos creció con fuerza en los últimos años y el país ya muestra una participación relevante de esta tecnología dentro de los cero kilómetro.

Ese crecimiento necesita algo más que autos nuevos. Requiere infraestructura pública, planificación territorial y puntos de carga bien distribuidos. Una red nacional de movilidad eléctrica no se construye solo con cargadores en capitales departamentales: también necesita paradas intermedias, nodos de ruta y localidades capaces de sostener viajes más largos.

UTE ya cuenta con una red de carga distribuida en distintos puntos del país y promueve herramientas para localizar cargadores y planificar rutas. La incorporación de Solís de Mataojo va en esa dirección: sumar autonomía real para quienes se mueven en vehículo eléctrico y reducir la distancia entre el discurso de la transición energética y la vida cotidiana fuera del área metropolitana.

En un país que apostó durante años a una matriz eléctrica con fuerte presencia renovable, la electrificación del transporte aparece como un paso lógico. El desafío está en que esa transición no sea solo para sectores urbanos de mayor poder adquisitivo, sino también una oportunidad para mejorar servicios, conectar territorios y generar actividad en el interior.

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