El gobierno peruano invocó la paz, la democracia y el derecho internacional para cortar relaciones diplomáticas con Teherán. La decisión llega apenas un mes después de la asunción de Keiko Fujimori y en medio de una guerra iniciada con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, un dato que quedó fuera del comunicado de Lima.
Perú rompe relaciones pero mantiene los vínculos consulares
El gobierno de Keiko Fujimori anunció este 1.º de septiembre la ruptura de relaciones diplomáticas con la República Islámica de Irán, una de las decisiones de política exterior de mayor alcance tomadas desde que la nueva presidenta peruana asumió el poder el pasado 28 de julio.
La Cancillería justificó la medida en la «histórica vocación pacifista» de Perú, su compromiso con el derecho internacional y la defensa de la democracia. Lima cuestionó la represión de manifestaciones, las restricciones a la libertad de prensa, la discriminación contra mujeres y niñas y la persecución de opositores políticos en territorio iraní.
La ruptura, sin embargo, no alcanza a las relaciones consulares. Perú explicó que estas continuarán para garantizar la asistencia a ciudadanos de ambos países y otras funciones previstas por la Convención de Viena. La decisión fue comunicada a Teherán mediante una nota diplomática enviada a través de la Embajada de Irán en Ecuador, que también representa al país persa ante Perú.
La paz invocada por Lima tiene ausencias importantes
El comunicado peruano también cuestionó las restricciones impuestas por Irán al tránsito internacional a través del estrecho de Ormuz desde marzo y sostuvo que afectan la libertad de navegación, los precios de la energía y las cadenas mundiales de suministro. A ello agregó críticas por las dificultades que Teherán ha impuesto al trabajo de inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica.
Pero hay una ausencia significativa en la argumentación de Lima. Al responsabilizar a Irán de incitar a la violencia y contribuir a la escalada regional, el gobierno peruano no hace referencia al origen inmediato de la actual guerra: los ataques lanzados el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra territorio iraní.
Se produce así una aplicación marcadamente selectiva del discurso sobre la paz y el derecho internacional. El gobierno de Fujimori cuestiona las acciones de Teherán y rompe relaciones con Irán, pero no adopta una medida equivalente ni formula en el mismo comunicado una condena contra Washington o Tel Aviv por sus operaciones militares sobre territorio de un Estado soberano.
Una señal del nuevo rumbo de la política exterior peruana
La decisión adquiere además otra dimensión al observar el rumbo internacional que comenzó a marcar el gobierno de Keiko Fujimori desde su llegada al poder. La presidenta ha presentado a Estados Unidos como un aliado estratégico y expresado su intención de fortalecer los vínculos con Washington en un momento de creciente disputa geopolítica por América Latina.
El perfil de su ministro de Relaciones Exteriores refuerza ese contexto. Carlos Espá trabajó durante 15 años, entre 2008 y 2023, vinculado a la Embajada de Estados Unidos en Lima, donde se desempeñó como director de Comunicaciones de la sección de Prensa y Cultura. El antecedente demuestra por sí mismo la existencia de una directiva estadounidense y resulta políticamente relevante para comprender la orientación diplomática del nuevo gobierno.
A poco más de un mes de asumir, Fujimori acaba de dar una señal particularmente clara. Mientras la confrontación entre Washington, Israel e Irán continúa condicionando a Medio Oriente y afectando al comercio mundial, Perú eligió romper relaciones exclusivamente con Teherán y ubicar su política exterior más cerca de uno de los polos de esa confrontación.
