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Fuertes subas de precios en Argentina: alimentos esenciales vuelven a golpear el bolsillo

Aceites, azúcar, bebidas y carnes registraron nuevos aumentos durante la tercera semana de julio. Aunque el promedio semanal de alimentos avanzó 0,3%, los productos esenciales subieron bastante por encima de ese nivel, en un contexto de caída del consumo y pérdida de poder adquisitivo entre trabajadores registrados.

Los precios de los alimentos volvieron a encender una señal de alarma en Argentina. Durante la tercera semana de julio, el relevamiento realizado por la consultora LCG en supermercados detectó un aumento promedio de 0,3% en alimentos y bebidas.

El dato general, sin embargo, oculta diferencias importantes. Mientras algunos productos estacionales bajaron, varios componentes básicos de la alimentación familiar registraron aumentos que oscilaron entre 0,8% y 1,9% en apenas una semana.

El mayor incremento se produjo en los aceites, con una suba semanal de 1,9%. Le siguieron el grupo integrado por azúcar, miel, dulces y cacao, con 1,7%, y las bebidas e infusiones para consumir en el hogar, con 1,5%.

Las carnes aumentaron 0,8% y los lácteos y huevos avanzaron 0,4%. En sentido contrario, las verduras bajaron 1,4% y las comidas preparadas para llevar retrocedieron 0,9%, evitando que el promedio general fuera todavía mayor.

Los alimentos que más pesan en la mesa volvieron a subir

El impacto sobre los hogares no depende únicamente del porcentaje de aumento de cada producto, sino también de la frecuencia con la que se consume y del lugar que ocupa dentro del presupuesto familiar.

Las carnes aportaron 0,25 puntos porcentuales al aumento semanal, mientras que las bebidas e infusiones explicaron otros 0,13 puntos. Entre ambos rubros concentraron la mayor parte de la presión registrada en las góndolas.

La situación resulta especialmente sensible para los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción mayor de sus recursos a comprar alimentos. Las familias pueden postergar la adquisición de ropa, electrodomésticos o actividades recreativas, pero no pueden dejar de comprar comida.

El promedio móvil de las últimas cuatro semanas mostró una suba de 1,9% en alimentos, con una aceleración de 0,6 puntos porcentuales frente a la medición anterior. En ese período, los lácteos y huevos acumularon un incremento de 4%, las carnes de 2,8% y los productos de panificación, cereales y pastas de 2,6%.

La medición de LCG es un relevamiento privado y semanal, por lo que no reemplaza al Índice de Precios al Consumidor que publica mensualmente el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Sin embargo, permite anticipar tendencias en los supermercados durante julio.

La inflación baja más lentamente en los productos esenciales

El último dato oficial disponible mostró que la inflación argentina fue de 1,9% en junio. En el primer semestre de 2026 acumuló 16,8% y, en comparación con junio de 2025, alcanzó 33,5%.

Dentro del indicador oficial, los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 1,3% durante junio. El IPC núcleo, que busca medir la evolución de precios con menor incidencia de factores estacionales o regulados, aumentó 1,6%. Los productos estacionales avanzaron 3,4%.

El gobierno de Javier Milei presenta la desaceleración inflacionaria como uno de los principales resultados de su programa económico. Sin embargo, la reducción del porcentaje mensual no significa que los precios bajen: implica que continúan aumentando, aunque a una velocidad menor.

Para una familia trabajadora, la diferencia es concreta. La inflación puede ubicarse por debajo de los registros anteriores, pero el aceite, la carne, el azúcar, los lácteos y las bebidas continúan encareciéndose sobre valores que ya habían acumulado fuertes aumentos.

Además, el promedio general no refleja de la misma manera la realidad de todos los sectores laborales. Hasta mayo, los salarios acumulaban un aumento promedio de 15,2% frente a diciembre, pero los ingresos del sector privado registrado habían crecido solamente 12,3% y los del sector público 13,7%. Para ese momento, la inflación acumulada ya alcanzaba 14,7%.

Esto significa que, pese al incremento del indicador salarial total, los trabajadores privados registrados y los empleados públicos habían perdido poder de compra durante los primeros cinco meses del año.

Menos inflación no necesariamente significa más consumo

La presión sobre los ingresos también aparece reflejada en las ventas. Durante mayo, las operaciones de los supermercados medidas a precios constantes cayeron 0,7% frente al mismo mes de 2025. En los primeros cinco meses de 2026, la contracción acumulada fue de 2,8%.

Los autoservicios mayoristas, utilizados por comercios pequeños y familias que buscan precios más bajos, registraron una caída interanual de 2,3% en mayo y acumularon un descenso de 3% entre enero y mayo.

Esos datos muestran una economía en la que los precios pueden desacelerarse mientras el consumo permanece debilitado. La estabilidad conseguida mediante la reducción de salarios reales, jubilaciones, empleo y demanda interna tiene un costo social que no aparece por completo en el porcentaje mensual del IPC.

A este escenario se suma la incertidumbre cambiaria. El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el dólar podría ubicarse entre $1.700 y $1.800 durante los próximos meses, aunque descartó una duplicación abrupta de la cotización. Un movimiento de esa magnitud podría volver a trasladarse a productos importados, insumos industriales y alimentos vinculados al comercio exterior.

La tercera semana de julio dejó así una advertencia: la inflación general puede mostrar una desaceleración, pero los aumentos continúan concentrándose en productos que las familias necesitan comprar todos los días.

Cuando el aceite sube 1,9% en una semana, el azúcar 1,7%, las bebidas 1,5% y la carne 0,8%, la discusión económica deja de ser una disputa de indicadores. Se convierte nuevamente en una lucha cotidiana para llenar la mesa.


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