Quatroges

Ecuador: la democracia que persigue y cancela

La suspensión de Revolución Ciudadana y, posteriormente, del movimiento Amigo deja al correísmo sin una organización propia para competir en las elecciones seccionales. Mientras avanzan investigaciones reservadas y medidas cautelares sin una condena penal, la principal fuerza opositora ecuatoriana debe buscar refugio en partidos cuyos nombres evita revelar por temor a nuevas sanciones.

Ecuador se aproxima a las elecciones seccionales del 29 de noviembre de 2026 bajo una democracia cada vez más condicionada. La principal fuerza de oposición al gobierno de Daniel Noboa no sabe todavía con qué nombre, color o número podrá aparecer en la papeleta.

Primero fue suspendido durante nueve meses el movimiento Revolución Ciudadana. Ahora el Tribunal Contencioso Electoral aplicó una medida similar contra el movimiento Amigo, la organización que había acordado recibir a varios de los candidatos correístas.

En ambos casos, la suspensión fue solicitada a partir de investigaciones fiscales por presunto lavado de activos. No existe todavía una sentencia penal que determine responsabilidades, pero las medidas provisionales tienen consecuencias políticas inmediatas: impedir que organizaciones legalmente reconocidas participen de un proceso electoral.

La presidenta de Revolución Ciudadana, Gabriela Rivadeneira, aseguró que otras fuerzas políticas ofrecieron sus estructuras para que el correísmo pueda presentar candidaturas. Sin embargo, se negó a identificarlas.

La explicación retrata el deterioro institucional mejor que cualquier discurso: revelar los nombres podría exponer a esas organizaciones a nuevas acciones judiciales o electorales.

Dos movimientos suspendidos y una oposición cercada

La primera ofensiva se produjo en marzo, cuando el Tribunal Contencioso Electoral suspendió por nueve meses a Revolución Ciudadana, lista 5, en el marco de la investigación denominada “Caja Chica”.

La Fiscalía sostiene como hipótesis que fondos ilícitos procedentes de Venezuela habrían ingresado en efectivo para financiar la campaña presidencial de 2023. Entre las personas investigadas aparecen Rafael Correa, Luisa González y otros dirigentes del movimiento.

Se trata, hasta ahora, de una investigación reservada. No existe una condena que acredite el origen ilícito del dinero ni la responsabilidad penal de los dirigentes señalados.

El propio juez electoral que dispuso la suspensión reconoció que no había podido acceder a los elementos de la investigación debido a su carácter reservado. También admitió que existía un vacío normativo para procesar una solicitud de este tipo.

Pese a esas limitaciones, decidió suspender al principal partido opositor de Ecuador.

Revolución Ciudadana intentó impugnar la medida, pero el recurso presentado por Gabriela Rivadeneira fue rechazado porque su designación como presidenta todavía no figuraba actualizada en los registros del Consejo Nacional Electoral.

De esa manera, una cuestión formal impidió revisar una resolución que alteró directamente las condiciones de competencia electoral.

Ante la suspensión, el correísmo recurrió al movimiento Amigo, que se disponía a recibir a varias de sus principales candidaturas. Pero el 17 de julio el TCE también suspendió a esa organización durante nueve meses, luego de admitir otra denuncia presentada por el fiscal general encargado, Carlos Alarcón.

La acusación vuelve a ser una investigación por presunto lavado de activos contra dirigentes de la organización.

El efecto político es evidente: cada espacio que se abre para permitir la participación del correísmo termina bajo una medida de suspensión.

“Nos da miedo decirlo”

Gabriela Rivadeneira aseguró que varias organizaciones políticas se comunicaron con Revolución Ciudadana para ofrecerle acuerdos electorales. Pero la dirigente explicó que no revelarán sus nombres hasta que las candidaturas sean formalmente inscritas.

“Nos da miedo decirlo”, reconoció.

La frase no es menor. Cuando una organización opositora considera que debe ocultar el nombre de sus aliados para evitar represalias, el problema deja de ser exclusivamente partidario y se convierte en una amenaza para el pluralismo democrático.

Rivadeneira sostuvo que los candidatos correístas estarán en las papeletas de noviembre, aunque no precisó bajo qué agrupaciones. Los acuerdos serán conocidos durante la inscripción definitiva de candidaturas prevista para agosto.

Entre las principales figuras que buscarían competir se encuentran el actual alcalde de Quito, Pabel Muñoz, y la excandidata presidencial Luisa González, quien se perfila para disputar una candidatura en Manabí.

El correísmo conserva una importante estructura territorial y gobierna varias alcaldías y prefecturas. Su exclusión beneficia objetivamente al oficialismo y a las fuerzas que disputan esos gobiernos locales.

La democracia no consiste únicamente en instalar urnas y contar votos. También requiere que las principales corrientes políticas puedan organizarse, presentar candidaturas y disputar el poder en condiciones razonablemente equitativas.

Suspender partidos mediante medidas provisionales, basadas en expedientes reservados y antes de que exista una sentencia, transforma la cautela judicial en una herramienta con efectos electorales irreversibles.

Una absolución posterior no podría reparar una elección de la que una fuerza política haya sido excluida.

Un sistema electoral atravesado por la inestabilidad

El escenario se vuelve todavía más delicado por la crisis interna del Consejo Nacional Electoral.

Diana Atamaint renunció como integrante del organismo el 20 de julio, poco más de un mes después de haber sido removida de la presidencia por una nueva mayoría de consejeros.

Atamaint había integrado el CNE desde 2018 y permaneció ocho años al frente de la institución. El 11 de junio fue desplazada de la presidencia y sustituida por José Cabrera, identificado en el escenario político ecuatoriano como una figura próxima al Partido Social Cristiano.

La salida de Atamaint, los cambios en la conducción y la conformación de nuevas mayorías ocurren a pocos meses de unas elecciones que ya fueron adelantadas desde 2027 al 29 de noviembre de 2026.

Mientras tanto, el CNE procesa cientos de alianzas electorales. Hasta el cierre del registro se habían presentado 468, pero apenas 18 habían sido validadas, una había sido rechazada y 449 permanecían pendientes.

En ese contexto, Revolución Ciudadana deberá encontrar una organización que acepte cobijar sus candidaturas y que, además, logre superar los controles administrativos y judiciales sin ser alcanzada por una nueva suspensión.

El gobierno de Daniel Noboa no necesita eliminar formalmente las elecciones para beneficiarse de este escenario. Le alcanza con llegar a las urnas mientras su principal adversario permanece suspendido, cambia de sigla y oculta a sus aliados por temor a que también sean inhabilitados.

Las investigaciones sobre financiamiento político deben realizarse con independencia, transparencia y garantías. Ningún partido puede estar por encima de la ley. Pero tampoco puede aceptarse que una investigación reservada funcione como condena anticipada ni que una medida cautelar reemplace el derecho ciudadano a elegir.

Cuando los expedientes avanzan más rápido que las garantías y las sanciones provisorias producen efectos definitivos, la justicia deja de proteger la democracia y comienza a administrarla.

En Ecuador, el problema ya no es únicamente qué partido cobijará al correísmo. La pregunta de fondo es cuántas organizaciones tendrán que ser suspendidas antes de que el sistema permita que la principal fuerza opositora aparezca en una papeleta.


Compartir esta nota: Facebook X