El petróleo Medanito pasó de ser una compra experimental en 2022 a convertirse en una de las principales materias primas procesadas por la refinería de La Teja. La cercanía de los yacimientos argentinos, la reducción del costo de transporte y las inversiones realizadas por la empresa pública fortalecen la seguridad energética de Uruguay.
El crecimiento de la producción petrolera de Vaca Muerta está modificando la estructura del abastecimiento energético de Uruguay. En menos de cuatro años, el crudo argentino Medanito dejó de ocupar un lugar marginal para representar cerca del 40% del petróleo procesado por Ancap durante 2026.
La transformación forma parte de una estrategia de regionalización de las compras impulsada por la empresa pública uruguaya. El objetivo es reducir la dependencia de proveedores ubicados fuera del continente, disminuir los riesgos logísticos y aprovechar la expansión productiva registrada en Argentina y Brasil.
La posibilidad de recibir petróleo desde puertos cercanos no elimina la exposición de Uruguay a las fluctuaciones internacionales, pero permite ampliar las alternativas disponibles ante guerras, bloqueos comerciales, dificultades de transporte o aumentos extraordinarios en los costos de los fletes.
De una operación experimental al 40% de la refinación
Ancap retomó las compras de petróleo argentino en 2022, luego de más de dos décadas sin importaciones regulares desde el país vecino. Aquel año ingresaron aproximadamente 476.000 barriles de Medanito, en una operación destinada a comprobar la calidad y estabilidad del producto.
Durante 2023 se recibieron unos 482.000 barriles. El cambio de escala se produjo al año siguiente: las compras aumentaron a 2,57 millones de barriles en 2024 y alcanzaron los 3,3 millones durante 2025.
En lo que va de 2026, Ancap ya adquirió algo más de 4 millones de barriles de Medanito. Esto significa que, antes de terminar el año, el volumen supera en más de 20% todo lo comprado durante 2025 y representa cerca del 40% del petróleo procesado por la refinería de La Teja.
El crecimiento es todavía más claro al observar la evolución desde el comienzo de las operaciones: entre 2022 y 2025, las compras se multiplicaron casi por siete.
El Medanito es un petróleo liviano y con bajo contenido de azufre, características que favorecen su utilización para producir naftas y otros combustibles. Su composición es compatible con la estructura de la refinería uruguaya y permite sustituir parcialmente al Midland WTI proveniente de Estados Unidos.
La calidad del crudo, sin embargo, no es la única ventaja. La distancia entre Puerto Rosales, en la zona de Bahía Blanca, y la Terminal del Este de Ancap es considerablemente menor que la existente con los proveedores africanos o norteamericanos. Esto permite reducir tiempos de navegación y costos de transporte, aumentando la competitividad de las ofertas argentinas en las licitaciones internacionales.
Inversión pública para asegurar el abastecimiento
La expansión de las compras coincidió con la renovación de la infraestructura marítima de Ancap frente a las costas de José Ignacio.
En mayo de 2026, la empresa pública completó el traslado de una nueva monoboya petrolera hasta la Terminal del Este. La estructura sustituyó al equipamiento anterior dentro de un programa de mantenimiento que se realiza aproximadamente cada 10 o 12 años.
La instalación permite recibir buques petroleros de hasta 150.000 toneladas de desplazamiento. El crudo descargado es transportado mediante un sistema submarino hasta tierra y posteriormente bombeado por el oleoducto que conecta José Ignacio con la refinería de La Teja.
Entre 15 y 20 petroleros utilizan anualmente esta terminal, que constituye la principal puerta de entrada del petróleo consumido por Uruguay.
La nueva infraestructura comenzó a operar en junio con la descarga del buque SFL Tigris, que transportó alrededor de 750.000 barriles de Medanito desde Puerto Rosales. Poco después, otro petrolero aguardaba para realizar una operación similar. Entre ambos cargamentos se movilizaron aproximadamente 1,5 millones de barriles en una misma ventana logística.
El recambio de la boya muestra la importancia de mantener inversiones sostenidas en las empresas públicas. Sin esa infraestructura, Uruguay debería importar mayores cantidades de combustibles ya refinados, una alternativa generalmente más costosa y que reduciría la actividad industrial de La Teja.
La refinación nacional no solo garantiza combustibles. También sostiene puestos de trabajo, capacidad técnica, conocimiento industrial y herramientas estatales para intervenir frente a situaciones de emergencia o desabastecimiento.
Integración regional sin abandonar la transición energética
La estrategia de Ancap no se limita al petróleo argentino. La empresa también incorpora crudo Mero de Brasil, Midland WTI de Estados Unidos, variedades provenientes del Atlántico y petróleo Qua Iboe de Nigeria.
La diferencia es que Argentina y Brasil están adquiriendo una participación cada vez mayor. El gerente general de Ancap, Nicolás Spinelli, señaló durante la Conferencia ARPEL 2026 que cerca de la mitad del suministro ya puede provenir de la región, algo que años atrás no estaba contemplado en la planificación de la empresa.
El crecimiento de Vaca Muerta ofrece a Uruguay una fuente cercana, competitiva y con capacidad de expansión. Para Argentina, el mercado uruguayo representa una salida estable para parte de su producción y contribuye a consolidar a Puerto Rosales como centro exportador del Atlántico Sur.
Esta complementariedad muestra las posibilidades de una integración energética regional basada en capacidades productivas, infraestructura pública y cooperación entre países vecinos, en lugar de una dependencia exclusiva de las grandes rutas comerciales controladas por potencias y corporaciones extracontinentales.
No obstante, sustituir petróleo africano o estadounidense por petróleo argentino no elimina la dependencia de los combustibles fósiles ni sus consecuencias ambientales. La seguridad energética de corto plazo debe convivir con una política sostenida de descarbonización, movilidad eléctrica, biocombustibles, eficiencia energética y desarrollo de fuentes renovables.
La regionalización del abastecimiento puede reducir costos y vulnerabilidades, pero no debe transformarse en una excusa para frenar la segunda transición energética. El desafío consiste en utilizar las capacidades de Ancap para garantizar el suministro actual y, al mismo tiempo, conducir una transformación energética justa que proteja el empleo, el ambiente y el acceso de la población a la energía.
