El Instituto Nacional de Colonización pondrá en marcha en la Colonia Miguel Rubino, en Cuchilla del Fuego, un proyecto ganadero que comenzará con 600 terneras sobre 900 hectáreas adquiridas por el organismo. La iniciativa apunta a crecer hasta 2.400 hectáreas con predios linderos y recupera una herramienta histórica de Colonización: usar tierra pública para dar escala, sostén productivo y arraigo a productores familiares.
Un campo de recría sobre 900 hectáreas en Cuchilla del Fuego
El Instituto Nacional de Colonización avanza en Paysandú con un nuevo campo de recría ubicado en la Colonia Miguel Rubino, en la zona de Cuchilla del Fuego. El proyecto comenzará con 600 terneras y tendrá como base un predio de 900 hectáreas de basalto superficial y profundo.
La información oficial indica que esas 900 hectáreas serán destinadas a la recría de ganado vacuno y ovino. El objetivo es que el predio funcione como una herramienta de apoyo para productores familiares de la zona, con trabajo coordinado junto a las comisiones de fomento locales.
La escala inicial no será la definitiva. El presidente del INC, Alejandro Henry, adelantó que el proyecto incorporará en el futuro otras 1.500 hectáreas de dos predios linderos: 500 hectáreas de un terreno contiguo y otras 1.000 hectáreas que están bajo disputa judicial. Si esa ampliación se concreta, el campo de recría llegará a 2.400 hectáreas.
El anuncio también incluyó la inauguración de obras en la colonia.Para que una colonia funcione se necesita caminería, acceso, organización, manejo productivo y presencia institucional sostenida. Sin esas condiciones, la política de tierras queda reducida a una adjudicación formal y no a una herramienta real de desarrollo.
La apuesta de Colonización en Paysandú se inscribe en una línea que el organismo ya viene aplicando en otros proyectos asociativos. El propio Henry comparó el esquema con la experiencia de la exestancia María Dolores, en Florida, donde el INC trabaja con gremiales lecheras en un banco de forraje para apoyar a productores de menor escala.
Qué significa un campo de recría para la producción familiar
Un campo de recría no es simplemente un campo más. Es una herramienta pensada para resolver un problema concreto de los productores chicos: la falta de escala.
En muchos establecimientos familiares, el productor necesita reservar su predio principal para los animales que están en plena producción. En la lechería, por ejemplo, las vacas en ordeñe ocupan el centro del sistema. Los animales jóvenes, que todavía no entraron al ciclo productivo, requieren espacio, alimentación, manejo sanitario y tiempo. Si todo eso se hace dentro del mismo campo reducido, la producción se achica y la economía familiar pierde margen.
El campo de recría permite sacar esa etapa del predio familiar y manejarla de forma colectiva. Las terneras o vaquillonas se crían en un espacio común, con planificación sanitaria, alimentación y control técnico. Luego vuelven al sistema productivo del productor en mejores condiciones. En ganadería, la lógica es parecida: se gana escala, se ordena el manejo y se fortalece la base del rodeo.
Colonización ya ha definido históricamente a los campos de recría como una de las formas más antiguas de organización colectiva dentro del instituto. No se trata solo de sumar hectáreas, sino de crear una infraestructura común para que pequeños productores puedan sostenerse frente a un modelo agropecuario que tiende a concentrar tierra, capital y capacidad productiva.
La Colonia Miguel Rubino no aparece ahora de la nada. La zona tiene antecedentes de trabajo colectivo con Colonización. En 2013, en Cuchilla del Fuego, el grupo Tierra Para Todos trabajaba una fracción de la Colonia Rubino de 832 hectáreas, con participación de 26 núcleos familiares y más de 80 personas de Guichón, Piñera y Cuchilla del Fuego. Aquel proyecto combinaba ganadería, ovinos, apicultura y aspiraciones de turismo rural, con manejo colectivo de parte de la producción.
Ese antecedente muestra que la nueva iniciativa no cae sobre un territorio vacío. Llega a una zona donde ya hubo demanda organizada por tierra, experiencia asociativa y presencia de familias rurales que buscan sostenerse produciendo.
Tierra pública, arraigo rural y disputa por el modelo productivo
El Instituto Nacional de Colonización fue creado por la Ley 11.029 con un mandato claro: promover una subdivisión racional de la tierra, su adecuada explotación, el aumento de la producción agropecuaria y la radicación y bienestar del trabajador rural.
Ese mandato sigue teniendo peso político. En un país donde la tierra continúa siendo uno de los factores más concentrados de la economía, cada compra, recuperación o adjudicación de Colonización expresa una definición sobre qué modelo rural se quiere fortalecer.
El nuevo campo de recría en Paysandú es una política de tierra pública al servicio de productores que, por escala, no compiten en igualdad de condiciones con grandes empresas o establecimientos de mayor espalda financiera.
Cuando el Estado pone tierra en función de proyectos asociativos, cambia la ecuación. El pequeño productor no queda solo frente al mercado, el precio del arrendamiento, el costo del combustible, la caminería o la falta de campo para crecer. La tierra deja de ser únicamente una mercancía y pasa a funcionar como soporte de trabajo, producción y permanencia en el medio rural.
El plan estratégico del INC también viene marcando prioridad para mujeres y jóvenes rurales. Esa definición importa porque el campo uruguayo no solo enfrenta concentración de tierra, sino también envejecimiento, despoblamiento y dificultades para el relevo generacional. Sin acceso a tierra, crédito, asistencia técnica y escala mínima, muchos jóvenes terminan empujados a abandonar el medio rural aunque quieran quedarse.
El proyecto de Cuchilla del Fuego aparece, entonces, como una pieza dentro de una discusión más grande. Colonización no resuelve por sí sola todos los problemas del campo, pero sigue siendo una herramienta decisiva para intervenir donde el mercado deja afuera a los más chicos.
En la misma comparecencia pública, Henry adelantó que el directorio del INC analizará medidas vinculadas al pago de rentas de noviembre y a los efectos del aumento de los combustibles. Ese dato muestra que el problema no es solamente acceder a la tierra, sino sostener la producción después: pagar renta, mover animales, sembrar, alimentar, mantener caminos y resistir costos que golpean con más fuerza a quienes producen con menor escala.
El campo de recría de Paysandú arranca con 600 terneras y 900 hectáreas, pero su sentido político es más amplio. Si se concreta la ampliación a 2.400 hectáreas y se consolida el trabajo con las organizaciones locales, el proyecto puede convertirse en una plataforma de apoyo real para productores familiares del litoral norte. En tiempos de concentración productiva, Colonización vuelve a poner una pregunta central sobre la mesa rural: para quién se usa la tierra y al servicio de qué modelo de país.
