El proyecto Dibujando Sonrisas apunta a llegar a 27.000 niños y niñas de escuelas públicas de Canelones entre 2026 y 2027. El programa de salud bucal impulsado por María Auxiliadora Delgado nació con el centro puesto en los escolares, pero durante el gobierno de Luis Lacalle Pou fue relanzado como un plan nacional más amplio, también para adultos. La ampliación sumó prestaciones, pero también corrió el eje de una política pensada para llegar directamente a las infancias en la escuela.
Canelones salió a atender una carencia que está a la vista
La escena no ocurre en una policlínica ni en un consultorio privado. Ocurre dentro de una escuela pública, con niños que pasan por controles odontológicos en el propio centro educativo. Allí aparecen caries, muelas en mal estado, infecciones y situaciones que muestran una realidad conocida por muchas familias: para buena parte de la infancia, ir al dentista sigue siendo difícil, caro, lejano o directamente excepcional.
El Gobierno de Canelones lanzó el proyecto Dibujando Sonrisas en la escuela N.º 175 de Barros Blancos. La propuesta, encabezada por la Dirección de Salud departamental, busca llegar a 27.000 escolares entre 2026 y 2027, comenzando por el municipio de Barros Blancos y extendiéndose luego al resto del departamento.
El plan trabaja con controles odontológicos, talleres de higiene bucal y alimentación saludable, aplicación de sellantes dentales y derivación inmediata al móvil de salud en los casos que requieren una intervención más profunda. La prioridad está puesta en segundo y sexto año escolar: los niños de segundo ya tienen sus primeros molares permanentes, mientras que los de sexto están por salir de la escuela y después se vuelve más difícil sostener el seguimiento.
La escuela permite encontrar al niño antes de que el problema se vuelva urgencia. Permite prevenir, controlar, educar y tratar sin esperar a que la familia llegue por sus propios medios a un servicio de salud. Ese fue, precisamente, el corazón del viejo plan bucal escolar.
En la primera etapa del piloto de Canelones ya aparecieron señales claras del problema: niños con altas odontológicas, pero también escolares derivados al móvil por caries complejas, infecciones o extracciones. La existencia de un móvil dentro del patio escolar muestra que la política no está pensada solo como charla preventiva, sino como atención concreta allí donde la necesidad aparece.
El plan de María Auxiliadora nació para entrar a la escuela
El programa de salud bucal asociado a María Auxiliadora Delgado no nació como una política general e indefinida. Su origen estuvo vinculado a la salud bucal escolar. En 2005, durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez, se creó una Comisión Honoraria Asesora de Presidencia en materia de salud bucal escolar, presidida por María Auxiliadora Delgado de Vázquez.
La idea inicial tenía dos componentes: uno educativo y promocional para todas las escuelas del país, y otro preventivo y asistencial aplicado de forma gradual en escuelas seleccionadas. El objetivo no era esperar que los niños llegaran al sistema de salud, sino llevar el sistema de salud a la escuela.
Ese enfoque tenía una definición política clara: la salud bucal infantil no podía quedar reservada para quienes tuvieran mutualista, dinero, tiempo disponible o una familia con capacidad de trasladarse. La escuela pública funcionaba como puerta de entrada a un derecho.
Con los años, el programa se consolidó como una política pública que llegó a escuelas urbanas y rurales. En 2019, ASSE incorporó oficialmente el nombre de María Auxiliadora Delgado al programa como reconocimiento a su trabajo y a su papel como impulsora de la iniciativa.
La propia concepción del plan marcaba una diferencia: no era solo odontología, era infancia, prevención, educación y presencia territorial. La boca de un niño no se atendía como un trámite aislado, sino como parte de su desarrollo, de su alimentación, de su autoestima y de su derecho a crecer sin dolor.
La ampliación de 2020 y el riesgo de diluir el objetivo original
El plan no fue eliminado formalmente durante el gobierno de Luis Lacalle Pou. Lo que ocurrió fue otra cosa: en 2020, ASSE relanzó el Plan Nacional de Salud Bucal “María Auxiliadora Delgado” como una política más amplia, con nuevas prestaciones, incorporación de ortopedia maxilar funcional y atención no solo para niños, sino también para adultos.
Presentado así, el cambio podía aparecer como una mejora. Nadie puede negar que los adultos también necesitan atención odontológica, especialmente en sectores populares donde la salud bucal suele ser una de las primeras áreas postergadas. El problema es que una política pública no se mide solo por la amplitud de su nombre, sino por su capacidad real de sostener prioridades.
Cuando un plan creado para escolares se convierte en un paraguas general para toda la población, el riesgo es que el foco infantil se debilite. Eso es lo que empieza a verse ahora: el programa nacional existe, mantiene presencia, tiene móviles, odontólogos y estadísticas, pero al mismo tiempo aparecen departamentos que deben salir a construir respuestas propias para cubrir huecos concretos en las escuelas.
ASSE sostiene que el plan nacional prioriza escuelas rurales y centros de contextos más vulnerables. Esa definición puede tener lógica desde el punto de vista de la focalización. Pero el caso de Canelones muestra una tensión: mientras el plan nacional selecciona territorios según vulnerabilidad o barreras geográficas, el gobierno departamental plantea llegar a todos los centros educativos, sin limitarse por quintil ni por zona.
Un niño con caries, dolor o una infección no puede esperar a que la cobertura llegue por criterio estadístico. La prevención funciona cuando es constante, cuando se repite, cuando el odontólogo vuelve, cuando el sellante se controla, cuando el hábito se instala.
La experiencia de Canelones también deja en evidencia una falta de coordinación. Si ya existe un programa nacional de salud bucal escolar, no debería ser confuso para una dirección departamental saber dónde empieza y dónde termina. Y si ASSE debe llamar a la Intendencia para interiorizarse de lo que se está haciendo, algo en la articulación institucional no está funcionando con la claridad necesaria.
Canelones no inventa el problema. Lo encuentra en la boca de los niños. Y al encontrarlo, muestra que la salud bucal infantil sigue necesitando una política específica, sostenida, universal en la escuela y con capacidad de atención real. Porque una política para todos puede sonar más grande, pero si en la práctica deja de llegar a tiempo a los niños, termina siendo menos justa.
