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Perú: Fujimori queda al borde de la victoria mientras Sánchez apunta al voto exterior

La segunda vuelta peruana entra en su tramo final con una ventaja mínima para Keiko Fujimori y reclamos de Juntos por el Perú sobre mesas del exterior. El resultado expone otra vez una fractura profunda entre Lima, el voto extranjero y las regiones andinas que rechazaron al fujimorismo.

Una diferencia mínima y una elección todavía sin cierre político

La segunda vuelta presidencial en Perú sigue abierta en el plano político, aunque el conteo más reciente ubica a Keiko Fujimori por delante de Roberto Sánchez. Según los datos difundidos por la ONPE, con el 99,157% de las actas contabilizadas, la candidata de Fuerza Popular alcanza el 50,101% de los votos válidos, frente al 49,899% del postulante de Juntos por el Perú.

La diferencia es estrecha: poco más de 36.000 votos en un país de más de 18 millones de sufragios válidos. En términos electorales, Fujimori aparece encaminada a una posible victoria, pero el cierre formal depende de la resolución de actas observadas, pedidos de nulidad y decisiones de los organismos electorales.

El escenario no es nuevo para Perú. La disputa voto a voto volvió a colocar al país en una situación de tensión institucional, con denuncias cruzadas, sospechas sobre el proceso y una sociedad partida entre bloques políticos, territoriales y culturales. La diferencia, esta vez, es que el voto exterior tuvo un peso decisivo en la remontada fujimorista.

El voto exterior quedó en el centro de la disputa

Juntos por el Perú cuestionó mesas del exterior, especialmente en Estados Unidos, y pidió la anulación de más de 600 mesas de votación. El partido de Roberto Sánchez denunció presuntas irregularidades vinculadas a funcionarios consulares, miembros de mesa y procedimientos que, según su planteo, habrían favorecido a Fuerza Popular.

La denuncia debe ser tratada como lo que es hasta ahora: un reclamo político y electoral que necesita prueba y resolución institucional. No corresponde hablar de fraude probado, pero sí de una elección con zonas de disputa que pueden incidir en la legitimidad del resultado final.

Fuerza Popular también presentó recursos para anular votos en zonas rurales, especialmente en territorios donde Sánchez obtuvo fuerte respaldo. La disputa pasó así de las urnas a los Jurados Electorales Especiales, con pedidos cruzados que muestran el nivel de fragilidad política del proceso.

La clave es el contraste territorial. Sánchez logró sostener una votación fuerte dentro del país, especialmente en regiones del interior y del sur andino. Fujimori, en cambio, encontró en Lima y en el voto de peruanos en el exterior el empuje necesario para pasar adelante. Esa diferencia no es solo matemática: muestra dos Perú que votan distinto y que miran el futuro desde lugares sociales muy diferentes.

El sur andino, Lima y una fractura que no se resuelve con el conteo

Los medios peruanos críticos al fujimorismo vienen señalando que esta elección no puede leerse únicamente como una pulseada entre dos candidatos. En el fondo aparece una fractura histórica entre Lima y el interior, entre sectores urbanos acomodados y regiones andinas, entre quienes ven en el fujimorismo una opción de orden y quienes lo identifican con autoritarismo, corrupción y desprecio hacia los sectores populares.

El Búho, desde el sur peruano, marcó que en siete regiones la votación contra Keiko Fujimori superó el 70% de los votos válidos. Ese dato ayuda a entender por qué una eventual victoria fujimorista puede nacer con un problema serio de legitimidad territorial. No se trata solo de ganar por una diferencia mínima; se trata de gobernar un país donde buena parte del interior votó masivamente en contra.

También apareció con fuerza el “terruqueo”, una práctica recurrente en Perú que consiste en asociar a sectores de izquierda, rurales, sindicales o andinos con el terrorismo para deslegitimarlos. Esa forma de violencia simbólica no es menor: busca convertir el voto popular en amenaza, y al votante del interior en sospechoso.

La Misión de Observación Electoral de la Unión Europea registró una campaña polarizada y señaló problemas en el clima político y mediático. Según su declaración preliminar, la cobertura de varios medios privados nacionales fue más favorable o neutral hacia Fujimori y más negativa hacia Sánchez y Juntos por el Perú. También observó casos de racismo y discriminación durante el proceso.

El resultado final podrá ser definido por los organismos electorales, pero el problema político quedará.Perú vuelve a mostrar que no alcanza con contar votos si una parte importante del país siente que su voz vale menos. La democracia formal puede proclamar un ganador; la democracia real necesita algo más difícil: reconocer al interior, escuchar al sur andino y dejar de tratar el voto popular como una anomalía.


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