Tras rescindir el contrato con el astillero español, el gobierno recibió presentaciones de Colombia, Corea del Sur y Francia para construir nuevas OPV para la Armada. En Presidencia manejan la posibilidad de una compra directa por razones de tiempo, aunque la decisión todavía no fue tomada formalmente.
Una compra marcada por el antecedente Cardama
La caída del contrato con el astillero español Cardama dejó al gobierno ante una urgencia concreta: Uruguay sigue sin las patrullas oceánicas que la Armada necesita para controlar su zona económica exclusiva, vigilar la pesca ilegal, apoyar tareas de rescate y reforzar la presencia del Estado en el mar.
Luego de cancelar ese acuerdo, el presidente Yamandú Orsi aseguró que la Armada contará con patrullas oceánicas al final del período y que la nueva adquisición se hará bajo una modalidad de Estado a Estado. Ese giro busca evitar una repetición del episodio anterior, marcado por problemas con las garantías y por un proceso que terminó en rescisión contractual.
En Presidencia se maneja que la compra podría realizarse mediante compra directa por excepción, principalmente por una razón de tiempos. La decisión, sin embargo, todavía no está formalmente adoptada.Después del caso Cardama, cualquier camino acelerado necesita controles más fuertes, no menos. La urgencia operativa de la Armada existe, pero no puede convertirse en excusa para bajar el estándar de transparencia.
Colombia, Corea del Sur y Francia: los tres oferentes sobre la mesa
Tres países ya hicieron movimientos concretos ante la Armada uruguaya: Colombia, Corea del Sur y Francia. Las propuestas llegaron a través de Cotecmar, HD Hyundai Heavy Industries y Naval Group/Kership.
La opción colombiana es Cotecmar, astillero estatal vinculado al desarrollo naval, marítimo y fluvial de Colombia. La presentación incluyó el OPV-93, también identificado como Patrullero Oceánico Colombiano. Según la información disponible, el plazo de construcción estimado sería de 26 meses. Se trata de un buque de 93 metros de eslora, 14 metros de manga, 2.665 toneladas de desplazamiento, velocidad de 18 nudos, autonomía de hasta 40 días y alcance de hasta 10.000 millas náuticas a 12 nudos. Además, cuenta con cubierta para helicóptero de hasta 11 toneladas, rampa de popa para una embarcación interceptora y capacidad para misiones de control marítimo, búsqueda y rescate, ayuda humanitaria, control ambiental y defensa de la soberanía.
La propuesta de Corea del Sur llega por HD Hyundai Heavy Industries, uno de los mayores constructores navales del mundo. La empresa presentó patrullas clase HDP-2200, con buques de unos 94 metros, aproximadamente 2.400 toneladas y velocidad de hasta 22 nudos. La oferta coreana aparece acompañada de un punto sensible: la posibilidad de financiamiento de largo plazo y cooperación naval. También se manejó la eventual transferencia de corbetas clase Pohang mientras se construyen las nuevas unidades. Hyundai tiene antecedentes recientes en este tipo de embarcaciones, entre ellos el contrato para construir seis patrulleros oceánicos para Filipinas.
La vía francesa está asociada a Naval Group y Kership, con el antecedente directo de las patrullas construidas para la Armada Argentina. Esa referencia regional pesa, porque se trata de buques ya operativos en el Atlántico Sur. Kership trabaja en buques estatales de vigilancia marítima de hasta 100 metros, y la familia OPV 87 utilizada como referencia para Argentina tiene unos 87 metros, velocidad superior a 20 nudos, más de 7.000 millas náuticas de alcance y capacidad para operar helicóptero, drones y embarcaciones rápidas.
Además de esas tres alternativas para construcción nueva, también apareció una posibilidad británica: patrulleros usados clase River, que podrían ser desafectados por la Royal Navy desde 2028. Esa opción no compite exactamente en la misma categoría, porque no se trata de buques nuevos y además presentan una limitación técnica relevante: no cuentan con hangar para helicóptero.
La decisión no puede quedar encerrada en la urgencia
La necesidad de patrullas oceánicas es real. Uruguay tiene una extensa zona marítima que controlar y una Armada con capacidades limitadas para cumplir tareas de vigilancia, soberanía, protección ambiental, combate a la pesca ilegal y respuesta ante emergencias. El país no puede mirar el mar solo desde el discurso: necesita medios concretos.
Pero la experiencia Cardama obliga a una lección básica. Una compra de esta magnitud no se mide solamente por el precio inicial ni por la velocidad de entrega. Hay que mirar el costo total del ciclo de vida: mantenimiento, repuestos, entrenamiento, sensores, armamento, software, garantías bancarias, transferencia de conocimiento y capacidad de sostener los buques en operación durante años.
En una lectura comparativa, Cotecmar ofrece una alternativa regional, con posible valor político en una lógica de cooperación latinoamericana. Hyundai aparece como una opción industrial fuerte, con escala, financiamiento y antecedentes recientes. Naval Group/Kership cuenta con un antecedente cercano en Argentina y experiencia probada en patrulleros oceánicos para la región. La alternativa británica podría servir como transición o complemento, pero no sustituye necesariamente la compra de OPV nuevas.
