Donald Trump volvió a moverse entre la amenaza militar y el anuncio de un posible acuerdo con Irán. Primero advirtió con nuevos ataques y con tomar el control de infraestructura petrolera iraní. Horas después dijo que el pacto estaba casi listo y que Teherán tendría más interés que Washington en firmarlo.
De la amenaza militar al anuncio de acuerdo
Donald Trump volvió a cambiar de tono frente a Irán en cuestión de horas. El mandatario republicano amenazó con nuevos ataques militares, habló de golpear “muy fuerte” a la República Islámica y llegó a decir que Estados Unidos podría tomar el control de infraestructura petrolera y gasífera iraní, incluida la estratégica isla de Kharg.
Esa isla es un punto clave para las exportaciones de crudo iraní. Por eso la amenaza no fue un comentario menor. Implicaba elevar el conflicto a una zona sensible para la economía iraní, el comercio energético internacional y la estabilidad del Golfo Pérsico.
Pero después de esa escalada verbal, Trump volvió a presentarse como negociador. Desde la Casa Blanca afirmó que Irán tiene “muchas más ganas” que él de alcanzar un acuerdo y dijo que los documentos estaban casi en su versión final.
También señaló que esperaba una ceremonia de firma en breve, posiblemente en Europa, con la participación del vicepresidente JD Vance. Según Trump, el acuerdo debería concretarse rápido, aunque volvió a usar una fórmula habitual en su estilo: “veremos”.
La contradicción fue evidente. En pocas horas pasó de amenazar con bombardear y controlar recursos energéticos de otro país a hablar de un acuerdo casi cerrado.
Irán rechaza el relato de Trump
Desde Teherán, la versión fue distinta. Fuentes iraníes cercanas al equipo negociador señalaron que la República Islámica todavía no aprobó ningún texto final con Estados Unidos.
La respuesta militar iraní también fue dura. El general de división Ali Abdolahi, comandante del cuartel central de Jatam al-Anbia, afirmó que los dirigentes estadounidenses están atrapados en contradicciones por desconocer al pueblo iraní y a sus Fuerzas Armadas.
Abdolahi sostuvo que la propaganda y la guerra mediática de Washington no alcanzan para tapar sus fracasos frente a Irán. También acusó a Estados Unidos de decir que quiere negociar mientras genera inseguridad regional y amenaza el comercio internacional, especialmente en una zona sensible como el estrecho de Ormuz.
El mensaje iraní fue claro: si Washington vuelve a atacar, habrá respuesta. Para Teherán, las amenazas de Trump no son una señal de fuerza negociadora, sino parte de una política de presión que busca imponer condiciones bajo amenaza militar.
Petróleo, guerra y presión imperial
La amenaza sobre Kharg mostró el centro real del conflicto: soberanía, energía y poder regional. Estados Unidos no habló solo de seguridad ni de negociación nuclear. Trump habló de tomar control sobre infraestructura petrolera de un país soberano.
Ese lenguaje muestra una lógica imperial clásica. Primero se amenaza. Después se habla de acuerdo. Luego se presenta la negociación como una concesión del país agredido. En el medio quedan los pueblos de la región, sometidos a la posibilidad de una nueva escalada militar, sanciones, bloqueos, aumento de precios y más inestabilidad.
También aparece Israel. Trump dijo que habló con Benjamin Netanyahu y con dirigentes del Golfo Pérsico. Medios locales señalaron que el anuncio de Trump sobre un supuesto acuerdo sorprendió incluso al primer ministro israelí, que estaba en una reunión de seguridad sobre Irán.
Ese dato muestra el desorden de la política exterior estadounidense. Trump amenaza, anuncia, retrocede, vuelve a amenazar y después intenta convertir el retroceso en triunfo diplomático.
Quatroges
